Otra vez fútbol

Asisto atónito -aunque no sorprendido-, al debate sobre la vacunación de los jugadores de la selección española de fútbol. Muy coherente y muy representativo del estado moral de la sociedad: una mierda, vamos. Disculpad la imagen, pero soy científico y describo lo que veo.

Las razones de que se salten la lista de espera son contundentes: “Es que es la selección” y “representan a España”. Alguno hace un alarde adicional de sinceridad y reconoce que “generan mucho dinero” (a unos pocos solamente, claro), no se vaya a fastidiar el negocio. Estas rotundas afirmaciones no se balancean con los argumentos prácticos de que vacunarlos ahora puede disminuir su rendimiento, o que en el mejor de los casos estarían inmunizados cuando se acabe el campeonato. O que no sea la marca pautada para su edad. No, en eso no se piensa.

Y no digamos ya las razones morales para saltarse la cola: vamos, que son más que nadie. Pues discrepo. Son como todos si acaso, y no lo demuestran. Opino que son unos millonarios consentidos contraejemplo de todos los valores morales que teníamos en la transición. Y, además, no representan a España, sino a su bolsillo y a los intereses de unos poderosos que engatusan a las masas con pan y circo. Chuscos de pan al populacho y gladiadores gratis mientras revienta Roma, es lo de siempre. Porque estos troncos son mercenarios, lo de España es circunstancial. Os recuerdo que en el único mundial que se ganó tributaron allí los pingües beneficios porque les convenía, en lugar de en el país por el que se supone que juegan. Con esos impuestos se hubiera podido construir un hospital full equipe, pero eso les da lo mismo. Es que no son españoles para lo bueno y lo malo, son ciudadanos (mercenarios) del mundo cuando se trata de arrimar la cartera.

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Se emocionan mucho posando para las fotos besando el escudo, echando cuentas del incremento de la cuenta corriente mientras parece que suena de fondo un himno. Muy de fondo, con acordes de caja registradora. Pero cuando ya han cobrado no les pidas cuentas de representar al país, que muchos hablan luego pestes de la puta España, jurando que siempre la habían odiado (mira mi lazo); o alegando desde países donde se lapida a los homosexuales que aquello es mucho más democracia que esto. No os encambronéis, es que son mercenarios y es que la pela es la pela. Ellos son así, coherentes con su bolsillo. Lo que no es coherente es que los consideremos mejores que los demás. Ni que se salten la lista de vacunación e igual alguien muera por ello.

Porque puestos a vacunar a los que representan a España a lo mejor hay que contar entre las prioridades también con los científicos, antes de que emigren por hambre para desarrollar la vacuna en otro país. O a lo mejor gente importante -mucho más importante que el futbol para el día a día-, son los trabajadores de los supermercados. O el personal de limpieza, los conductores de autobús o los farmacéuticos. Los que llevan sobre sus espaldas el peso de que esto funcione. Yo los vacunaría mucho antes que a vosotros, pijitos, atendiendo estrictamente a su función necesaria en la sociedad. O eso, o todos iguales.

Y volviendo a lo de fútbol, esto es para hacérnoslo mirar. Recuerdo hace unos años la gente tranquilita y desocupada tras el cierre de unos astilleros, pero todos en la calle movilizados espontáneamente porque un problema administrativo hizo descender de categoría al Celta de Vigo. Tenemos lo que nos merecemos. Y os recuerdo que todas estas pasiones son por un equipo de nenes sobreprotegidos, que solo han ganado una Eurocopa y un mundial en su historia que a este paso serán los únicos porque no creen en la cultura del esfuerzo. Que entrenan o trabajan dos días a la semana con todo el mundo pivotando alrededor. Que cuando sufren un golpecito lloran desconsoladamente tirados en el césped porque donde la pupita se iban a poner un tatuaje con copyright o va a quedar mal el anuncio donde venden calzoncillos si se ve la tirita.

Terrible accidente (Imagen de la derecha)

Para mí, que practico un deporte en el que la gente se cae y se vuelve a montar en la bici para acabar la etapa, aunque lleve quemaduras en media espalda o una costilla y una muñeca rotas, me endemonia vuestra actitud. Cultura del esfuerzo o del hambre. Gente como el Taranco, que iba a las carreras desde su pueblo en bici, y regresaba además cargando el saco de judías que obtenía como premio. Gregarios como los Manzaneque, a los que se tenía que subir en brazos a la habitación en las pensiones del Tour porque no había ascensor (ni espejo en el baño para no verse la cara demacrada). Hombres de palabra como Ocaña, que para celebrar su reconciliación se beben una botella de ginebra a medias con Eddy Merckx en plena competición: «Yo pensaba: mañana no voy a ganar; pero puta Merckx tampoco. ¿Y sabes quién ganó? Puta Merckx». Compromiso social es repartir salvoconductos escondidos en la bici para salvar a judíos de los campos de concentración, aprovechando los entrenamientos como hacía Bartali, sin que nadie se entere, ni siquiera su familia. “Era lo que había que hacer y punto”. Preocupaos de mirar el palmarés en ciclismo y ahora comparáis victorias (36 entre campeonatos del mundo y oros olímpicos).

Sin tiempo para sangrar (No time for bleeding)
Terreno impracticable para fútbol

Es que lo demás no es fútbol, claro. Los de la flor en el culo. Pero tampoco es fútbol entonces la división femenina, que en las concentraciones de eventos comunes comen diferente comida (peor que los hombres), y ya del salario ni te cuento. Es que ellas no nos representan lo mismo, claro. Ellos sí, muy lógico.

Teníais que ceder vuestra vacuna y vuestro sueldo a alguien que lo necesite de verdad, y reventar al rival después de una tarde de vendimia, cabrones. Muchos miles lo harían gratis y mejor que vosotros. Dejad de contar billetes y decid algo, copón. Bueno, mejor estaos calladitos que será mejor.

Bartali, la leyenda. “Hice lo que había que hacer y punto”

Publicado por docgracia

Investigador, ciclista y escritor...

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