El cementerio de las arañas

El cementerio de las arañas es un refugio de unos pocos metros cuadrados, ubicado en un trastero, habilitado como pequeño gimnasio en los tiempos de la pandemia, con una máquina de poleas, una barra de dominadas y algunas pesas que hay que cambiar de discos haciendo equilibrios entre una bici, maletas y estanterías. Tiene las esquinas adornadas con esqueletos de arañas, siempre de dos en dos. A veces veo alguna que se esconde cuando enciendo el fluorescente, pero a los pocos meses permanece inmóvil, ya varada imperturbable para la posteridad. Siempre pensé que los cementerios de elefantes tienen algo mágico, y caigo en la cuenta de este también.

Photo by Artem Beliaikin on Pexels.com

En este lugar hago una rutina de entrenamiento, escuchando canciones que hablan de otros tiempos. Os aseguro que es un viaje introspectivo que me aísla y me enfoca, sobre todo en lo que espero que alguna vez sea un libro no semiacabado. Son canciones de rock que hablan sobre guerras pasadas, sobre soldados que luchan siempre en inferioridad. Sobre mujeres que vuelan en la noche pilotando aviones de lona. Personas que, para defender una posición, queman el puente detrás de ellos para no tener camino de retirada.

Cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau

Defensores cuyos cadáveres permanecen congelados en el hielo como mis arañas, con múltiples picas y bayonetas clavadas. Con la peculiaridad que ninguna está clavada en la espalda; los que entendáis de lo que hablo ya sabréis que eso significa que murieron de cara al enemigo. De soldados que cruzan un río de aguas heladas con una camisa blanca y la espada entre los dientes, que defienden posiciones imposibles sabiendo que van a perder. Y que, pese a eso, continúan peleando.

Continuar peleando

Esos breves momentos son especiales, transformadores o reveladores. Y he de confesaros que a veces lloro de rabia y de vergüenza pensando en aquellos hombres y mujeres, en su forma de luchar y por aquello en lo que hemos convertido -malvendido, prostituido- su legado, a cambio de una comodidad tibia, sin pensar en los demás, olvidando ideales, anestesiados, cobardes. Estoy seguro de que ellos no aguantarían, que nos escupirían a la cara, nos abofetearían y dirían: “despierta y levanta una barricada que vamos a quemar el mundo”.

Quemar el mundo

Somos cenizas de aquellos luchadores, que vivimos gracias a las semillas que sembraron en la tierra cavando con las manos desnudas, regándolas con sudor y sangre, abonándolas literalmente con sus cadáveres. Quizás ocupo mi lugar cabal en el cementerio al lado de las arañas, como un vestigio nostálgico desfasado. Pero quiero pensar que de entre las cenizas todavía quede alguna brasa del puente o de aquellas naves quemadas para no poder regresar sino venciendo al enemigo. Y solo veo a mi alrededor un presente repleto de un combustible que se llama injusticia, que soplan vientos de revolución y que basta una sola de esas brasas para prender un fuego que devore el mundo.

Varado en el cementerio de las arañas

A veces pienso en ese fuego y en lo que se podría construir sobre sus cenizas. Y entonces, solo entonces, sonrío en el cementerio de las arañas.

Foto: Rafa Pradas

Publicado por docgracia

Investigador, ciclista y escritor...

Deja un comentario