Queridos hijos de puta

Este artículo no es políticamente correcto, luego no os quejéis si seguís leyendo. Os doy una última oportunidad, venga, de elegir la pastilla azul y seguir narcotizados viendo la telepantalla. Lo siguiente para los de la pastilla roja…

Pues este artículo lo dedico a todos los chavales jóvenes e inconscientes que creen que son inmortales o que pasan de todo. O que ni siquiera pasan, que es mucho pensar. De esta forma igual me ahorro el trabajo de increparos uno a uno, porque he empezado físicamente y no doy abasto. Esto va sobre el uso de las mascarillas y sobre el cumplimiento de las normas. Entiendo el espíritu de rebeldía y que os la pele todo, pero lo que no puedo asumir es que vuestra actitud esté matando a miles de personas. Estoy harto como todos del encierro, ese en el que erais los primeros que salíais a aplaudir. Pero se os ha olvidado pronto, porque la mayor parte de vosotros no lleváis la mascarilla puesta, o la lleváis enmarcando el óvalo facial quinceañero en el cuello. Ya sé que vais de caza y lo de las hormonas y eso. Pero que el resto de la gente, sobre todo los viejos y los de siempre cumplen las normas y esta vez el repunte está siendo a causa de los jóvenes y de cómo propagáis la segunda ola pese a que pensáis que a vosotros no os pasa nada.

Pues sí pasa. Pasa que sois unos hijos de puta asesinos. Sé que nadie os ha hablado así en vuestra vida, pero habéis elegido la pastilla roja, la otra. Igual no habéis visto a gente mayor morir como perros, o la puta desesperación de los sanitarios a los que aplaudíais, los mismos a los que ahora les dais más trabajo. Seguid así, lo vais a pasar muy bien cuando papá o mamá se hayan muerto asfixiados y no puedan pagar vuestros caprichos.

Y reflexiona reflexionando caigo en la cuenta que la culpa no es vuestra. Estáis haciendo simplemente lo que veis y lo que os permitimos hacer. Sois un reflejo de los valores de una sociedad cuyos bisabuelos y abuelos levantaron un país de los escombros, pero que los siguientes fueron unos mierdas que olvidaron cada gota de sudor que derramaron los primeros para ahora despilfarrarlo todo (cosas e ideas). Y claro, aquello que se olvida no se puede transmitir. Y paradójicamente en la era de la información no habéis tenido acceso a la más valiosa para la vida.

Vuelvo a mirar a la tele y al panorama mediático y ahora lo comprendo. Sois unos ninis sobreprotegidos que no sabéis el precio de las cosas. Ni lo que ha costado ganar cada uno de los derechos que tenéis asumidos de nacimiento; fliparíais si sospechaseis que ese precio fue, literalmente en algunos casos, sangre. No hay valores morales en los que os reflejéis. Lo único que importa es el euro, en todos los estamentos. No hay vergüenza, no hay profesionalidad por encima de todo. Solo está el sucio dinero.

Al final mi queja la tengo que enfocar a muchos de nuestros gestores políticos (tengo para todos los colores, no os preocupéis). Como dice el juez Calatayud, tenemos los políticos más tontos de la historia de la democracia –o de la historia, a secas-. Honrosas excepciones hay, algunos buenos amigos, pero son raros ejemplos de un mundo que desde hace décadas está montado para el pelotazo y el latrocinio.

Una pena. Pienso que el miércoles justo antes del confinamiento os subisteis el sueldo los señores diputados y me llevan los demonios. Sobre todo porque durante los siguientes tres meses todos habéis cobrado las dietas sin falta, me pregunto cómo hacíais para fundir ese buen pico en taxis por vuestra casa, cabrones. Y si alguno os acordáis de una cosa que se llama vergüenza o profesionalidad, teniendo en cuenta lo que sois –un referente- y la que estaba cayendo. Pues el mensaje que habéis mandado ha calado perfectamente en los jóvenes y se comportan de forma coherente con vuestra actitud.

Me siento como cuando nos castigaban a todos porque el tonto de la clase había liado alguna por gilipollas. Pues llevamos así veinte años con la puta política. Y la pena es que como estáis tan sobreprotegidos y sobrecomisionados no os dais cuenta de lo que pensarían y harían aquellos hombres de la sangre sobre los que hablaba antes y sus políticos, que eran estadistas de verdad. Los que tuvieron ovarios para ponerse de acuerdo para evitar que la sangre volviera a manar.

No doy ideas, pero los habitantes de Irán, hartos de la corrupción política endémica, después del terremoto no se han conformado con las excusas blandas habituales de sus dirigentes. Simplemente han empezado a instalar cadalsos en las principales avenidas. Y ha sido mano de santo, porque han dimitido en bloque los políticos de todos los partidos. ¿Veis como al final el dinero no es lo más importante?

Publicado por docgracia

Investigador, ciclista y escritor...

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