Let’s go home, Debbie (Chencho ha aparecido)

Esta es una carta de agradecimiento que os debía por ser partícipes del pequeño milagro que conseguimos entre todos, haciendo precisamente lo que hacéis ahora mismo: leer y difundir el contenido de un artículo de este modesto blog.

Hace unos meses un buen amigo, José Luis Vázquez -el crítico de cine-, me puso al corriente de las graves circunstancias por las que atravesaba. Era consciente de ser uno más entre tanta gente que vive una situación económica crítica. Este gran hombre reflexionaba sobre el hecho de que podía haber sido peor si hubiera tenido cargas familiares, reconociendo con nobleza que había gente incluso peor que él. No me pidió nada, simplemente se desahogó conmigo tomando un café y me comentó su drama personal, un desenlace casi fordiano que muchos ya vaticinábamos con preocupación de una vida de funambulista sobre el alambre de la cultura. Paradójicamente, hasta poco tiempo antes su difícil situación laboral lo había hecho sentirse más despierto, más vivo y útil que nunca. Sin poder acomodarse ni relajarse un segundo. Los pocos pistoleros que continúan en el oficio pasados los cincuenta siempre son respetados por peligrosos, que por algo más que suerte han sobrevivido en su largo negocio. El problema es que la misma experiencia te decía que esta vez era la última, y que ni agarrando las riendas entre los dientes para disparar a dos manos ibas a sobrevivir a la última carga a la que te disponías.

Desenlace fordiano

Me lo contó con un amago de sonrisa en la cara. “Malos tiempos para la lírica”, -dijo-. Ni siquiera permitió que pagara el café, y me invitaste al mío. Yo era conocedor de que eras uno de tantos, pero para mí no eras uno más por dos razones. La primera -y suficiente-, es que era mi amigo el que vivía esa injusticia, no una persona anónima. La segunda, que ese amigo es una persona especial, un referente cultural para una ciudad o para un tipo de arte: el cine. Que en otra ciudad o en otro tiempo serías alguien afamado; que lo que haces no era lógico, pero que habías dedicado tu vida a lo que muchos no tenemos el valor de apostarlo todo. Eso es amor (al cine), el que lo probó lo sabe, como dijo Lope. Estaba viendo depositarse pavesas ardiendo sobre una biblioteca andante y no me gusta ver arder una montaña de libros.

Imagen de El Roto

No me pediste nada -repito-, pero como amigo me decidí a hacer lo que hubiera hecho en mi situación el maestro Ford, al que finalmente nos encomendamos: decidí empezar una guerra. Una guerra contra todo y contra todos si hiciera falta. Era sabedor de que íbamos a perder, pero aquello me importaba francamente un carajo. Tu causa era mi causa, la de miles. Una causa justa por la que luchar. Y es imposible transformar un sable en un arado, como bien nos contabas en tus críticas.

Simplemente conté tu situación aquí, salpimentada de imágenes de tus películas y de tus comentarios. Os pedí por favor que divulgarais esa historia, convocándoos a hacernos fuertes en nuestro particular Álamo manchego. Y obrasteis el milagro. Acudisteis en legión, cabalgando en columna de a dos con el sol del desierto poniéndose a vuestra espalda desde muchos rincones de España y del extranjero (24 países en concreto). Solo tuve que levantarme para pronunciar el nombre de Espartaco Vázquez y de repente tenía más de seis mil amigos a mi lado. Gente que te conocía y gente anónima, conmovida por una historia tan simple que le podría pasar a cualquiera que alguna vez se hubiera emocionado en una sala oscura viendo fotogramas. Nos conmoviste porque eras cada uno de nosotros y cada uno de los héroes del celuloide.

José Luis Vázquez, cuando era un joven vaquero

Aquella marea creció, la gente quería aportar de la forma que fuese. Hubo hasta un debate abierto sobre la conveniencia de aprovechar la ocasión para establecer algún club cultural o resolver el agujero económico con una aportación que llegó a tener nombre: “la taquilla de José Luis”, al precio simbólico de una entrada. Algunas de estas aportaciones fueron hechas, repito, por personas que no te conocían. Como @fordianos, que acudió a ayudar desinteresadamente al oír el ruido de la pelea. Se había quedado una noche perfecta para urdir pequeñas traiciones…

Y como dijo Napoleón refiriéndose a los españoles, cuando nos atacan reaccionamos como un solo hombre de honor. Obraste el milagro de poner a remar juntos a gentes de todos los ambientes y condiciones, hasta políticos antes enemigos se pusieron codo con codo a aportar ideas o a ayudar con sabios consejos o asesoramientos. Tú estabas abrumado y avergonzado por recibir esas muestras de cariño en este tiempo tan duro, pero cada uno es responsable de cuidar sus cactus para que florezcan, y tú supiste regarlos todos.

Tras un carrusel de emociones en las que tocaste fondo administrativo y miles de alternativas más o menos factibles en las que nos afanábamos todos, diré en una elipsis de aquellas de arrancaban veinte páginas del guion, que el asunto se pudo resolver. Y menos mal, porque no quisiste aceptar un céntimo de aquella “taquilla” o de cualquier cosa que no implicara hacer tu trabajo o tu enfermedad: ser crítico de cine.

Consecuencia de nuestros desvelos hoy salimos ganando con un cineclub (Cineclub Mancha) que estoy seguro será un referente cultural, y algunas ideas adicionales que ya han hecho que empieces a transferir parte de tu mirada al formato redes sociales. Tenemos una segunda oportunidad para intentar que todo esto acabe generando un futuro que sea más valioso que nosotros mismos, espero que sepamos valorarlo y apoyarlo.

Con el logo de Cine Club Mancha

Pero vuelvo al principio, esto es simplemente para daos las gracias de corazón. Como no os conozco a todos me gustaría que volvierais a mandar la reseña a las mismas personas a las que enviasteis el primer mensaje, porque hay que congratularse de las buenas noticias, cada vez más difíciles, y hay que ser agradecido. Perdonad por la metáfora, pero a los que compartisteis esa película, la sensación que me queda tras todo esto es la de que Chencho finalmente ha aparecido. Un abrazo a todos. Ride away.

Duke y Duke

Publicado por docgracia

Investigador, ciclista y escritor...

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