Desarrollo de un producto comercial (que veinte años no es nada)

Los más jóvenes no lo sabréis, pero esta famosa letra de un tango describe perfectamente el tiempo que implica el desarrollo desde cero de un producto comercial en la universidad. Y esto teniendo suerte, mucha suerte, porque la mayoría de las ideas se quedan en eso: solamente en ideas, o a lo sumo con suerte en una publicación científica que -seamos honestos-, muy pocos leen. Es por esto que el feliz alumbramiento de un producto comercial (algo físico, una realidad con precio y todo), es un motivo de satisfacción especial para un científico. Significa que se han cubierto todas las etapas, sucesivamente más difíciles, para poner un producto en una estantería. Parece simple, pero es exactamente el camino arduo desde una idea a una realidad, con todos los demonios técnicos, legales y económicos que hay que vencer. Con la que está cayendo, os lo aseguro, a mí me parece poco menos que un milagro. Por otra parte, no es ni más ni menos que aquello que lo científicos o los ingenieros químicos tenemos responsabilidad de hacer. Obtener productos, más allá de publicaciones. Esa es la prueba del 9 del mundo real.

El lanzamiento al que hago referencia se llama Alycin DM1, y es un producto con propiedades beneficiosas para la salud ocular, que incluye en su composición ajo morado de las Pedroñeras. Tenéis una reseña de la reciente noticia aquí. Os cuento brevemente el proceso para que alucinéis, sonando música de tango…

Etapa 1. La idea. Como todo en ciencia parte de una idea y deben darse una suerte de circunstancias favorables en cuanto a afinidades de personas y medios materiales disponibles, que empieza a no ser fácil. En nuestro caso la idea es sencilla. Implica demostrar científicamente que los consejos de la abuela sobre el ajo son ciertos, y aplicarlos a un producto novedoso y con propiedades saludables. La idea pinta bien, pero hay que hacer muuuucho trabajo. No tenemos nada.

Por suerte un chico quiere hacer su desarrollo fin de carrera en este tema, poniendo en contacto a investigadores del Ramón y Cajal de Madrid. Unos hacen la parte médica y nosotros la parte de optimización química. Lo primero que hay que hacer es poner a punto un método de análisis de los componentes del ajo, sin esto no hay nada que hacer. Desarrollamos y optimizamos esto, fruto de lo que podemos determinar que la proporción de compuestos en el ajo es ideal en cuanto a los resultados beneficiosos para la salud, o dicho de otro modo: la naturaleza es sabia. También determinamos que precisamente el ajo morado de las Pedroñeras tiene 5 veces más alicina (el compuesto beneficioso) que el ajo chino, que es solo un poco más barato.

ajo morado de Las Pedroñeras

Etapa 2. Esto funciona. Idea comercial y protección de resultados. Los resultados son fantásticos: propiedades antibacterianas, vasodilatadoras, anticoagulantes, antitrombóticas, hipotensoras, antiinflamatorias o anticancerígenas…la purga de Benito. Pero todo esto no es válido para un producto comercial si no somos capaces de ponerle una fecha de caducidad. Ese es el problema de todas las píldoras de ajo del mercado o de los encurtidos, que no retienen nada de alicina porque esta se degrada con facilidad. Para esto aportamos una solución que es la base de una patente: estabilizar nuestro extracto mediante un caro proceso de liofilización. Cuatro años de fecha de caducidad y un montón de ensayos clínicos que demuestran propiedades: Tenemos una patente.

Etapa 3. Mercado. Pero esto es solo una buena diferencia de cara a la competencia, pero nada más. Hay que montar una empresa, los propios investigadores. Nos formamos en economía, hago un máster, ganamos un premio de emprendedores, pero seguimos teniendo una idea. Buena, pero una idea. Y ya han pasado diez años. Empleamos este tiempo en diseñar diferentes productos comerciales. Nos centramos en el campo de parafarmacia, y en concreto en los aspectos cardiovasculares (colesterol) y de fortalecimiento del sistema inmunológico. Desarrollamos los primeros prototipos y el diseño de productos.

Etapa 4. El compromiso. Encontramos una empresa que piensa en comercializar estos productos, pertenece al mismo chico que tuvo la idea de los ajos que ya se ha convertido en doctor. Durante este tiempo se establecen intentos de comercialización de estos y desarrollo de otros productos. Vemos que las posibilidades son enormes en cuanto a aplicaciones. Las nuevas pruebas con la UIT del Hospital General Universitario de Ciudad Real son impresionantes y producen otra patente. Pero hay que concretar. Se optimiza la formulación y diseño de los dos productos anteriores, el Alycin CV1(cardiovascular) y el Alycin SP1(fortalece sistema inmune). Vender la primera caja es emocionante.

Entrega del Premio Regional de Investigación a la segunda patente

Etapa 5. Evolución y último producto. La empresa sigue evolucionando los productos y quiere ampliar su gama. Ha desarrollado una web eficiente y comienza a ser importante en redes sociales, fruto de una estrategia planificada. Se considera indispensable contar con un nutricionista, y contactamos con uno de los más reputados: el doctor Ramón de Cangas. El nos da la idea para el producto de la degeneración macular. Se plantea otra colaboración con el DIQ de la UCLM para el desarrollo de este producto y algo más de un año después nos cuadran lo datos. Ha nacido Alycin DM1.

Photo by The Devil on Pexels.com

Pues eso, veinte años. Y contado a vuelapluma, sin hablar de temas legales que se tienen que cumplir a rajatabla o de trabas burocráticas que, curiosamente, van siempre a favor de los grandes. O de la enorme lucha con piratas que dicen que venden productos que lo tienen todo, cuando nos encargan a nosotros los análisis porque ni siquiera son capaces de analizar sus productos. Y no tienen nada, pero lo siguen diciendo. Gente que vende duros a cuatro pesetas; el eterno dilema entre la ciencia y los vendedores de lociones mágicas.

Por todo esto podréis valorar que sobrevivir a este proceso es poco menos que un milagro. Tesón, ciencia, creer en la tierra, muchos ajos… Estamos muy orgullosos de nuestros productos.

Publicado por docgracia

Investigador, ciclista y escritor...

4 comentarios sobre “Desarrollo de un producto comercial (que veinte años no es nada)

  1. Un gran artículo, emotivo y fiel a la realidad.
    Las cosas bien hechas llevan su tiempo, y el proyecto Alycin es un grandísimo proyecto, lleno de ilusión, honestidad, ciencia, tesón y mucho trabajo.
    ¡¡¡ENHORABUENA Y GRACIAS!!!

    Le gusta a 1 persona

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