Carta de un consentido

Esta es una nota de agradecimiento público-personal que os debo al acabar una etapa de cinco años como vicedecano. Echando la vista atrás francamente tengo que hacer este ejercicio, no ya exclusivamente a nivel individual, sino mostrado a todos lo que habéis hecho de forma conjunta. Porque eso habla sobre lo que somos, algo de lo que estoy absolutamente orgulloso. Lo escribo porque una de las cosas coherentes que se aprende con los años es agradecer toda la ayuda y la labor profesional, callada y abnegada en la mayor parte de los casos. Porque aparte de justo, es el único pago que tienen a veces esas acciones.

Estos años hice la locura de sustituir en el cargo a un Kriptoniano hiperactivo (hiperactivo ya en el planeta Kripton, imaginaos cuando se le multiplican los poderes en la tierra) como a D. Manuel Rodrigo, y para ello conté con TODA vuestra ayuda. A nivel personal considero que es una etapa que te forma y que te hacer aprender y valorar muchas cosas y a muchas personas que se encargan de que todo esté a punto. Todos deberíamos pasar por un período así para luego opinar sobre el funcionamiento de las instituciones. Algunos volverían a descubrir que los calcetines no caminan solos mágicamente a la lavadora, que resulta que alguien hacía ese trabajo.

Y sobre cómo me habéis facilitado la labor quiero describir brevemente algunos ejemplos ilustrativos. Siento emocionado que he contado con vuestro apoyo más allá de lo estrictamente necesario. En el equipo decanal he encontrado personas sensatas, al final buenos amigos, que han sabido contenerme y comprenderme mejor que otros que me conocían de toda la vida. Trabajar así es un lujo, y fue a lo largo de muchas etapas muy diferentes. Os he(mos) vuelto locos, sobre todo en estos últimos tiempos de papeleos estúpidos de tiempos difíciles, pero habéis asumido todos los cambios de timón impuestos sin rechistar un ápice, arrimando el hombro. Trabajar así es muy fácil, demasiado fácil.

Tanto, que a la hora de planificar las jornadas de iniciación a la experimentación tuve que parar yo el carro, porque cuando os pedimos un esfuerzo para traer a más personas demostrasteis que somos los vascos del sur: pasamos de 100 a 400 personas. A coste cero, como siempre. Siempre recordaré cómo se preparaba todo, la cara de ilusión con la que hacíais vuestro trabajo pese a lo que llevarais por dentro. Como cambiabais turnos sin rechistar cuando había algún error en el maldito cuadrante. O como estabais al pie del cañón porque tocaba, aunque una hija vuestra se casa al día siguiente. Ojalá hubiese este tipo de profesionales en otros ámbitos… mejor nos iría.

Es impresionante como nos habéis facilitado la labor. Me he sentido querido, protegido, y lo mejor que todo es que siempre con una sonrisa por parte de todos (con razón o sin ella por mi parte, eso es lo grande). Aprendiendo además (y me pagan por lo contrario) sobre las cosas importantes de la vida, sobre cine, pintura, jardinería, fotografía, o filosofía vital y hasta sobre política de la de antes. Y todos sabéis que esto es muy difícil en este gran campo de egos que somos a veces. Como dijo Homer Simpson cuando le hicieron decano de un equipo de fútbol, algunas cosas las hubiera hecho sin cobrar, o pagando; pero no lo comentéis que veo que todavía me cuesta los cuartos.

En resumidas cuentas impagable, pese a que intenté valorar algunos milagros administrativos de Pedro en cerveza. A ver cómo le explico a Toni que te debe 327 cañas hasta que dejé de contar… Ya lo tenía claro cuando llegué, pero pude comprobar que independientemente del papel que representamos,TODOS somos iguales. Que todos tenemos el derecho a opinar y a ser escuchados. Que esto es sólo un trabajo y que muchas veces el personal de limpieza es el que más sabe de la Universidad, entre otra cosas.

Alguien dirá que exagero y que lo único que faltaba es que me hubierais dado vuestra sangre. Pero es que lo hicisteis. Aquí lo cuento. Una de las cosas de las que estoy más orgulloso es de las campañas de donación que organizamos junto a la gran Elena Madrigal y su equipo. La administración de la UCLM o la biblioteca se volcaron para ayudarnos, y pese a alguna persona importante que lo consideraba un engorro, tuvimos un éxito abrumador. Incluyendo por supuesto a los alumnos, esos que decimos que ya no son solidarios. No me negaréis que esto es algo más que complicarse o que mancharse las manos. Poco más se os puede pedir y yo ya no tengo palabras.

En fin, que quería compartir algunos pequeños ejemplos de lo que somos capaces de hacer los que pertenecemos a esto. De vosotros. Y recordar que la grandeza no viene de la excelencia científica o de las publicaciones, sino de la calidad humana de las personas. Y en eso os aseguro (para muestra estas anécdotas entre miles de cotidianas), andamos sobrados. Un poco locos, pero sobrados. Ha sido un orgullo trabajar con vosotros.

Publicado por docgracia

Investigador, ciclista y escritor...

Un comentario en “Carta de un consentido

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