Baches asesinos y otras formas de exterminio

Hace unos días fui testigo de la caída de un matrimonio de señores mayores. Paseaban por el parque Gasset de Ciudad Real y cruzaban correctamente el paso a través del carril bici para acceder al paseo principal, justo enfrente del restaurante La Pérgola, que es a donde iba con unos amigos. Allí estaba la trampa.

La señora cayó casi a plomo, de improviso, y dio con la cabeza en el suelo. El marido, de la mano, fue arrastrado y cayó encima de ella. Acudimos enseguida a socorrerlos. Junto a un amigo levantamos al señor, pero la señora estaba en el suelo con sangre en la cara. Un hilo rojo manchaba su mascarilla. Se había llevado un golpe fuerte, tenía un corte en el párpado superior. La señora se asusta un poco cuando se da cuenta que tiene sangre en la cara, pero mi amiga la tranquiliza y le ponemos un clínex. Le dice que tiene unos ojos verdes preciosos. Es verdad.

Esos ojos me generan una enorme ternura al darme cuenta de la mezcla de sensaciones por las que atraviesan. Tristeza, indefensión, sorpresa, certidumbre de lo breve que es todo y de que todo cambia en un instante. La mujer se va recomponiendo un poco y valoramos llamar al 112, hasta que nos percatamos de que el corte ha sido posiblemente con las gafas, que no se ha dado con el suelo directamente. El marido dice que se cae mucho porque no ve bien, pero no tiene que excusarla. En absoluto.

Trinchera de la primera guerra mundial. Tamaño promedio de los boquetes en el adoquinado de Ciudad Real. (MilitaryModels.com)

Cuando miramos a la causa del tropiezo comprobamos que no es cuestión de ver. Hay una trampa mortal en la zona de paso. Una baldosa levantada media cuarta delante de un agujero. Por la profundidad del desnivel total aprobaría el examen para ser una trinchera de las de la primera guerra mundial. Sale un chico del restaurante y le da un vaso de agua. Nos dice que han avisado varias veces al ayuntamiento porque ya se han caído varias personas. Me encabrono. Copón.

Mecanismo para reducción del gasto en pensiones. Parque Gasset de Ciudad Real

La señora se rehace. La vamos a levantar en vilo, pero nos convence para ponerse de pie como le han enseñado en las clases de pilates. Cruza una pierna por encima de la otra con la rodilla doblada, gira la cadera y el mismo movimiento tira del hombro y ya está sentada. Se apoya y se pone a cuatro patas. Ahora si la ayudamos a incorporarse. Dice que es una pena lo de la vejez. Yo le digo -es cierto-, que se incorpora con más agilidad que yo y que en mi caso posiblemente me hubiera matado con la baldosa. No es culpa suya, si no de los que no arreglan la baldosa.

Me fijo en detalle y compruebo que, como diría José Luis Sampedro en La Sonrisa Etrusca, son unos señores viejos, no unos viejos a secas. Es importante el matiz. Ella viste elegante. Canon de estilo de los tiempos gloriosos, similar al de Lauren Bacall en El Gran Sueño. Pensad sin prejuicios y ahora intentad mejorarlo.  Nos dice que tiene 84 años. Viste conjuntada y con zapatos abiertos de un poco de tacón. Estables pero elegantes. Eso, cuando importaba, creo que se llamaba clase.

Regresamos cada uno a nuestro olivo tras comprobar que se encuentra bien y que camina bien equilibrada apoyada en su marido. 53 años de casados y trece de novios, nos dice orgullosa. Sonreímos y por despedida mi amigo le dice al marido que no se tire encima de ella en sitios públicos, que los van a multar.

Mi amiga comenta lo maja que es la gente de Ciudad Real, en un momento estábamos un grupo de gente ayudando, pero sin agobiar. Yo echo cuentas de la edad y caigo en la cuenta de que nació en mitad de la guerra civil. Pienso en la expresión de sus ojos y no dejo de encabronarme. Porque todos somos un poco responsables de ese puto bache, que por supuesto que sigue ahí mientras lees esto.

Cruzando las líneas como borregos (Foto: Trond J. Hansen).

Porque siempre he dicho que hay prioridades en la vida. Líneas rojas. Que da igual que este todo sucio, lleno de mierda. Que cuando lleguen los montones de papeles o las colillas a la altura de los ojos los apartamos un poco y sanseacabó. Pero que lo que no mató la guerra civil o el hambre, ni el covid, lo estén haciendo las putas trampas no es justo. No para con esa gente, a la que le debemos todo. Si no hubiese sido por sus miserias hoy estábamos en taparrabos, y quizás llevemos ese camino cuando ya no estén visto lo visto. Id mirando modelito que vienen curvas. Que lo único que nos diferencia de los animales (y quizás es un mal ejemplo) es la empatía que tenemos como especie. Y si hemos llegado a un nivel en el que multimillonarios pueden pasear por el espacio oyendo a Camela a todo lo que dan los altavoces, pero nuestros abuelos no pueden salir a dar una vueltecita después del confinamiento, siempre obedientes, porque parece que hemos bombardeado los paseos aposta, es para cerrar el chiringuito. Que parece que nos molesta su ejemplo, el de currar por el mañana. A ver si fenecen todos (alguien apunta dejar de darles prestaciones a partir de los 70 para dar oportunidades a los jóvenes). Como decía el hijo de mi amigo Luis cuando se enfrentaba a las enfermeras con tres años: MecagoenDOOOOOO.

Calle Alarcos de Ciudad Real, teóricamente de las mejores zonas de la capital. Foto del suelo al azar.

Seguid así que esto va a ser un puto botellón, todos felices. Aceras sin ortodoncia, chicles sembrados como disparos de ametralladora por doquier. Más colillas que granos de polen. Grasa, mierda y tierra de varias décadas en calles peatonales estrenadas hace pocos meses, como la calle Feria. Fiestas, que salimos más fuertes, que no hay virus, que los viejos no lo merecen y porque yo lo valgo. Pan y circo mientras caen como moscas. Viva la solución final: mundo botellón, mientras la orquesta del Titanic sigue tocando “y tu pueblo cantará pandorga”.

Publicado por docgracia

Investigador, ciclista y escritor...

2 comentarios sobre “Baches asesinos y otras formas de exterminio

  1. Después de que un magistrado de la cuerda sanchista llame juristas de salón a quienes no opinan como los gobernantes poca confianza va quedando en la justicia. Pero sí pueden reclamar por responsabilidad civil al Ayuntamiento los daños sufridos por la caída El deterioro de los derechos es tan grave que entramos en picado hacia un abismo. Ahora se sacan de la manga un deterioro de las pensiones compatibles con el trabajo cuando haya doble cotización expropiando a lo chavista con una cosa que llaman cotización de solidaridad. No es raro que quien pueda salga corriendo. A Andorra o hacia alguna puerta giratoria. Los comunistas siempre machacan a los débiles. Algún día esto despertará del letargo. Cuando estemos como en Cuba.

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