Los mocasines manchados (historia de @MoniquillaMB sobre Afganistán)

Salimos de noche, con todo el equipo. Nos toca lo más difícil, asegurar la retirada. Es nuestro trabajo. Casi todos dormimos en el suelo del avión, ya sabéis el dicho: hay que dormir cuando se pueda, porque nunca sabes cuándo podrás volver a hacerlo. Soy un GEO y estamos a punto de aterrizar en Afganistán.

La tensión estos días ha sido enorme. Pocas veces compruebas tres veces que llevas los torniquetes encima, porque hay muchas posibilidades de que los utilices. Vives constantemente con la certeza de ser objetivo de un ataque terrorista, escudriñando las filas de personas en el suelo con un ojo, mientras que tienes otro pendiente de la silueta de los tejados, de las ventanas y de la línea de la carretera. El arma a punto, el dedo estirado encima del gatillo. Cargador largo montado y unido por cintas a un segundo cargador para que puedas recargar en dos segundos. Hace un calor de mil demonios. Huele a orines y hay un rumor uniforme que lo llena todo: un rio de gargantas roncas de gritar y de llorar.

Dos combatientes talibanes

Y allí está ella. La segunda al mando de la embajada. La última en abandonar el barco junto con el embajador cesado, que pese a ser destituido hace meses decidió continuar en su puesto. Está dando instrucciones delante de mí, organizando la fila o lo que sea. Tiene una apariencia frágil, pero es solo apariencia, os lo dice uno que entiende de estas cosas. Está rodeada de hombres armados que esperan encontrarse en cualquier momento bajo fuego Talibán o reventados por una bomba yihadista. Ella va sin casco y lleva un chaleco antifragmentos sin abrochar sobre una blusa. Pantalones de género y mocasines manchados de barro. Sabes lo que eso significa en el caso probable de una explosión o de un disparo: que no la cuentas. Ella también lo sabe.

Los mocasines manchados (www.elmundo.es)

Tiene los ojos rojos, de dormir alguna hora con suerte en los últimos cuatro días. Con la mirada del soldado viejo, la misma de miles de caras en miles de guerras. Vuelvo a fijarme en sus mocasines de oficina, el atuendo de las reuniones en la embajada, manchados de barro Afgano y he de confesaros que la imagen me llega a emocionar. No sé si sospecháis lo que supone eso para alguien como yo. Lo que implica que el político al mando se meta literalmente en el lodazal junto a nosotros. Que sude (que quizás sangre) y que pase miedo junto a ti en la primera línea de combate.

Meterse en el barro

Sientes una punzada de afecto especial por esa persona, que en pocas horas se convierte en franca camaradería. Gente que hace más allá de lo estrictamente necesario, de eso sabes un rato. La clase de personas que además de comportarse de forma honrada, se comporta con honor. Sabes que independientemente de lo profesional, serías capaz de cruzar el infierno por seguir a esa persona o por defenderla. Y sabes -porque lo sabes-, que dado el caso de que pintasen bastos, le darías sin dudar tu arma corta, si tocase luchar espalda contra espalda antes de diñarla. Mujeres como ella han sido los pilares sobre los que se asentaron nuestros infinitos horizontes. Las que, cuando toca, son las que disparan un cañón enardeciendo a combatientes que flaquean, o hasta tiran de navaja para degollar franceses. Tal cual.

Paula Sánchez y Gabriel Ferrán Carrión, exembajador (www.elmundo.es)

Regresas en el último avión abarrotado, con ella revuelta junto a todos nosotros. Rota por el cansancio, pero con la cara seria. Pensando en los que se han quedado atrás.  Se llama Paula Sanchez Díaz, diplomática vocacional apasionada por la seguridad en Oriente Medio y por la defensa de los derechos humanos. Culta y comprometida con el progreso de la mujer en los países islámicos. En sus actividades profesionales nunca llevaba velo. Eso sí era una forma real de ayudarlas. Un símbolo. Como sus mocasines manchados de barro con los que desembarca al llegar a casa, con la misma ropa. Solo cambia el chaleco por una chaqueta ligera y una pequeña maleta. Para las fotos se sitúa discretamente detrás del embajador, en segundo plano. Nos saluda uno por uno para despedirse de nosotros y me doy cuenta de que su cabeza sigue a miles de kilómetros de distancia.

El regreso a casa (www.abc.es)

Percibo claramente dos cosas. Que con esos mocasines manchados seguimos siendo la mejor infantería del mundo. Y de que, si mujeres con esos ovarios de granito hubiesen sido nuestros gobernantes alguna vez, otro gallo nos hubiera cantado a lo largo de nuestra historia.

Photo by Alex Fu on Pexels.com

Publicado por docgracia

Investigador, ciclista y escritor...

2 comentarios sobre “Los mocasines manchados (historia de @MoniquillaMB sobre Afganistán)

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: