SAN, EL ACTOR ROBOT

I.    RESEÑAS DE PRENSA PREVIAS AL COMIENZO DE LA OBRA.

Agosto 2008. Una compañía teatral japonesa llamada «Seinendan» está empleando un robot de servicio desarrollado por Mitsubishi en la obra de teatro «Hataraku Watashi» (Yo el trabajador). Los productores de la obra esperan que con el tiempo sea habitual el uso de robots en obras de teatro y así se pueda ver una comunicación fluida entre estos actores digitales y sus interlocutores humanos.

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Noviembre 2010. Un robot coprotagonista en una obra de teatro japonés, en la que interpreta a una cuidadora de una chica con una enfermedad terminal. El director afirma que un robot es el actor ideal, porque no tiene ego. El robot está manejado a distancia por un operador detrás del decorado desde donde hay otra actriz tras bambalinas, una verdadera, haciendo los gestos que se reflejarán en el rostro del robot.

El proyecto japonés ha sido ideado para generar la duda de si estás viendo a un ser humano real o a un androide… De hecho, es tan realista que se acaba de convertir en el primer robot con un trabajo en una obra de teatro con un papel en el que sustituirá a un ser humano real. ¿El final de los contratos millonarios para muchos actores? Seguramente todavía es muy pronto para decir eso, pero parece inevitable que tarde o temprano alguien fabrique un androide hiperrealista con el aspecto de Marilyn Monroe o cualquier otro personaje… ¿Quizás incluso personajes de animación?

Febrero 2015. La Universidad de Waseda de Tokio anunció el pasado jueves que logró recrear un personaje de manga en el montaje teatral Mangeki representado por el grupo teatral Human Art Theater. El Laboratorio Takanishi de Ingeniería, en colaboración con la Facultad de Ciencias de la Universidad de Waseda, logró diseñar los órganos, cuerpo y extremidades del robot de manera que fueran desmontables y sus ojos son cámaras que permiten al proyector mostrar videos desde su punto de vista. Está accionado por veinticinco servomotores.

Hoy, 30 Junio 2025. Primer “contrato” para un robot Sony desarrollado en el MIT en igualdad de condiciones laborales con el resto de actores. El robot interpreta el papel coprotagonista de Sancho, en el musical “El hombre de la Mancha”, de Broadway. El actor que interpreta a D. Quijote, T. Wayne, se muestra encantado con su compañero cibernético, y no tiene miedo de ser sustituido por un actor de inteligencia artificial.―San (Sancho) es un buen actor, y punto. Debemos protegernos entre compañeros―, manifiesta sonriendo.

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II.    BLOG PRIVADO DE T. WAYNE.

30 junio 2025. Rueda de prensa previa al estreno. Releo las reseñas de prensa sobre la obra de teatro y los precedentes sobre la presencia de robots y tengo emociones contrapuestas. La primera es que no sé si he quedado bien en la entrevista. El comentario fue improvisado y precisamente no habla bien de mí entre los compañeros de trabajo, o entre los productores que luego son los que favorecen contratos y votan los premios, no sé. Lo tenía que haber pensado mejor porque en realidad San sí es una competencia para la profesión, aunque no lo puedo manifestar públicamente. El silencio en la última frase hubiera sido de oro. Por otra parte tengo la impresión de participar de un hito histórico, no sólo en lo que a teatro se refiere, sino de interacción de los humanos con los robots. Actúa de forma autónoma, no se mueve copiando los gestos de otros actores que los guían como marionetas. Ha sido diseñado realmente a imagen y semejanza del hombre, y para actuar. Saca la información de internet, puede ser cientos de actores y hasta tiene cierta capacidad de improvisación. Sí, creo que es un punto de inflexión en la relación con los humanos. Lo del contrato no deja de ser una anécdota, o precisamente puede representar un problema cuando bajen los precios de producción. El futuro decidirá…

1 Julio 2025. Estreno. Francamente no ha podido darse mejor. El éxito ha sido rotundo y el argumento publicitario de la presencia de San no ha hecho sino centrar la atención del mundo en una obra que se ha ejecutado de forma perfecta, en la que el robot no es sino una pequeña parte ―visible, pero pequeña al fin y al cabo ― del enorme montaje que supone un musical en Broadway producido por Disney, que traduce en casi dos horas de espectáculo más de dos años de ensayos y muchos millones de dólares invertidos. Y lo bueno es que desde el punto de vista técnico la obra es perfecta, deja al público con la boca abierta. Es el raro tipo que calidad artística que se cotiza mucho en el espectáculo, y eso es fantástico. Y rentable. Bueno para todos.

30 julio 2025. Cumplimos un mes. La obra sigue viento en popa. Mis dudas acerca de la operatividad de San sin red al enfrentarse a veces a dos sesiones diarias se han disipado por completo. Sigue siendo fiable. La verdad es que estoy empezando a pensar que puede ser un buen elemento para la profesión, más allá de controversias salariales. Algo en lo que apoyarse, como se hacía antes con la figura del apuntador. Nunca se olvida del guion, ni el suyo ni el de nadie, je je. La verdad es que transmite confianza. ¡Bien por San, y por el musical!

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15 agosto 2025. Improvisación. Solo nos hemos dado cuenta los actores, pero hoy en la segunda sesión hemos podido comprobar la capacidad de improvisación o adaptación de San –tiene un nombre raro informático, algo relacionado con la lógica difusa en la toma de decisiones pero no soy capaz de recordarlo. San lo haría perfectamente ―. El caso es que ha habido un pequeño resbalón y una pequeña descoordinación en una de mis entradas, y San ha alargado unos segundos su intervención para permitirme recuperar el timing. Totalmente profesional, de hecho nadie del público se ha dado cuenta. Este era uno de mis mayores miedos, el de todos francamente. Esto tiene muy buena pinta. Al final se está ganado el salario como un actor más. Hoy quizá ha empezado a ganárselo como tal.

23 septiembre 2025. Ratifico mis opiniones sobre San. Todo un actorazo. Como en todas las obras, empezamos a viciar algunas escenas, o simplemente a manifestar algunos pequeños cambios fruto del cansancio para los humanos, de las repeticiones o de la simple evolución de las sensaciones a lo largo del tiempo. Todo esto tiene que generar problemas a San, pero se adapta con maestría. Nos sentimos francamente a gusto.

15 de Octubre 2025. El suceso. Hoy ha sucedido algo que no sé si describir como anomalía. Normalmente, cuando sucede algún imprevisto fruto de un error humano ―una frase olvidada o fuera de lugar, una morcilla en el argot―, tiende a facilitar el retorno lo más airoso posible al guion. Incluso intenta acortar el tiempo entre sus intervenciones para ceñirse a la duración original de la obra, si el cambio llega a ser de más de un minuto. Sin embargo hoy, en una de las disquisiciones filosóficas de D. Quijote, no he podido caer en la tentación de hacer una referencia clara al panorama político en la parte de la obra en la que se coloca a Sancho de gobernador de una ínsula para mofarse de él, pero que al final resulta ser un gobernante ejemplar. Este salto del guion ha provocado la hilaridad del público, pero suponía un cambio demasiado grande en el libreto original para encajar la siguiente frase de San sin que quedara descuadrada. En vez de retornar al texto original, San me miró a los ojos, luego al público y dijo improvisando: ―Solo soy un pobre campesino que hace su trabajo. Como todos harían en mi lugar, ¿no?

Dejó un par de segundos ceremoniosos para que el público sonriera, riera y rompiera finalmente en una gran ovación. Posteriormente siguió con su siguiente frase. Ya no se recuperó el tiempo, tampoco era nada importante. Sin embargo, la fina ironía de su improvisación, y la humanidad que manifiesta en ese momento, su mirada… me hace pensar que no sea simplemente una máquina. Ni ninguno del auditorio, estoy seguro. Y releyendo estas palabras dudo si el doblesentido de su afirmación es además de sobre su condición de gobernante en la obra, o sobre su condición de robot. Y si su última frase ―como todos en mi lugar―, no iba referida al resto de los gobernantes, sino a mí.

20 Octubre 2025. Hoy ha ocurrido algo parecido a lo del otro día, pero al revés. Ha sido San el que deliberadamente ha alargado su intervención, en la misma parte de la del otro día. Caracterizado como labrador, su piel morena, su tosco atuendo y la simplicidad de sus ademanes se contraponen a la firmeza de sus convicciones y a las inflexiones de su voz ―Caray. ¿He dicho convicciones?―. Si no fuese una máquina pensaría que me está pisando el terreno. Por cierto, como el otro día.

1 Noviembre 2025. Cuatro meses en cartelera. El musical avanza viento en popa. Enorme éxito. Un poco cansado, pero es lo que todos queríamos. San sigue evolucionando, como todos. Como la obra.  Por cierto, hoy San un par de veces me ha dado la entrada un poco tarde, me he tenido que apresurar en mis frases y no ha quedado como siempre. Normalmente hacía justo lo contrario. No sé, será impresión errónea mía o fruto del cansancio.

5 noviembre 2025. No puede ser. Juraría que San me sigue dando entradas fuera de tiempo. Si fuese humano pensaría que lo está haciendo a propósito. Continúa la representación como si nada. Tendrá algún fallo en su sistema? ¿Habrá saturado su operatividad?

7 noviembre 2025. Error humano. Hoy definitivamente me ha dado una entradilla equivocada, la que corresponde a otra escena, y he picado el anzuelo. Me he equivocado con el texto. San, durante un segundo me ha mirado, satisfecho. Sonreía con los ojos.

He sugerido al director artístico la posibilidad de fallo de San y me han mirado por encima del hombro. San se chequea online y diariamente después de cada actuación. ¿No es San la estrella del espectáculo? No voy a volver a hacer este tipo de preguntas. Creo que no es bueno para mi salario.

11 de noviembre 2025. Algo no fluye entre nosotros. Me siento cada vez más incómodo. Creo que va a pillarme. Lo noto en sus miradas de reojo. Esto me está alterando los nervios y hace que cada vez me equivoque más a menudo. San disfruta con esto.

13 noviembre 2025. He empezado a tomar calmantes. San es la estrella, por encima de mi personaje. Don quijote se ha transformado en un personaje oscuro, mientras que Sancho Panza brilla. Parece que se ha transformado en parte en mi personaje, al igual que en la obra de cervantes. Empiezo a temer que me suceda algo. Ayer había arena en la tarima justo en mi zona. ¿De dónde ha salido?

14 noviembre 2025. San va a por mí. Estoy seguro. Tengo que ser cuidadoso. Estoy un poco abotargado por la medicación pero es muy importante que permanezca alerta y despierto. Sus oscuros ojos no son fríos. Dan miedo.

15 noviembre 2025. Otro fallo mío en el escenario motivado por el hijo de puta de San. Tú lo has querido, no eres el único que puede jugar sucio.

15 noviembre 2025. Me han apercibido sobre mis fallos. Creo que quieren sustituirme. No lo vas a conseguir, maldita máquina. Te voy a llevar por delante.

15 noviembre 2025. Lo tengo previsto. Si lo hago bien no levantaré sospechas, y tú eres más prescindible que yo, mamonazo. Veo una sombra fugaz que parece familiar esconderse tras la esquina al regresar a casa. ¿Sam?

15 noviembre 2025. Mañana. Entre las dos sesiones mientras se actualiza o lo que coño perpetre en su camerino. Es más grande que el mío. ¿Sospechará algo? ¿Y si actúa antes que yo?…

Fin de las entradas en el diario

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III. COMUNICACIÓN OFICIAL.

Reseña sobre la Nota de prensa conjunta Disney/Sony sobre el incidente en el Minskoff Theatre de Nueva York del pasado 16 de noviembre. El consorcio pide disculpas por el incidente ocurrido en la primera de las dos sesiones del musical El Hombre de la Mancha y cancela las representaciones hasta que aclaren las circunstancias de lo sucedido. En mitad del espectáculo uno de los dos androides protagonistas ha enloquecido aparentemente y ha atacado con una barra de hierro al personaje de Sancho Panza, al grito de “te he visto, te he descubierto, todos te han visto. Lo pagarás”. Este ataque ha inutilizado al androide, destrozando la cabeza y la mano derecha. El robot, que al parecer enloqueció, hubo de ser abatido por la seguridad privada del teatro.

La compañía, que anunció hace casi medio año que uso de sus coprotagonistas era un robot, tenía pensado anunciar en breve que sus dos protagonistas eran robots en realidad. Distintos sectores mediáticos sugieren que el ataque es una argucia premeditada para volver a centrar la atención publicitaria, en un giro de la representación en la que la máquina que lo interpreta sufre la misma demencia que su personaje. Aportaremos más datos cuando avance la investigación.

Según informan testigos presenciales, los ojos de Sancho, intactos, miraban a su atacante sin parpadear, como si sonrieran…

SOLEDAD

Vieja amiga, siempre compañera,

                   ángel guardián de velados sueños.

            Tu mirada profunda siempre me desnuda,

                   imposible evitarte.

            Eres la que mejor conoce mis ansias, mis logros,

mis pesadillas.

Vivo sin pensarte, a sabiendas

de que sólo en tu compañía existo realmente

porque en el fondo siempre estaré solo.

y soledad eres tú.

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Brebaje de la vida

añejo y amargo.                 

            Libar de tu cáliz a pequeños sorbos

es degustar el licor de la sabiduría,

del deleite, de la contemplación. 

            Pero para quien te apura de un trago

te conviertes en veneno,

en vacío, en el más profundo de los abismos.

Solamente los nobles de corazón

osan mirarte a los ojos

sin que tú les reflejes unas estatuas

que se miran al vacío corazón.

            ¡Valiente! ¡Asómate a tu nada!

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            Hay gritos que desgarran gargantas,

destellos rutilantes que llenan el mundo,

torrentes inagotables de vida que me arrastran,

ríos de fuego que abrasan mis entrañas …

Pero sólo tu presencia me roba el alma.

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No me abandones, soledad.

Mil veces te reniegue,

mi vida dedique a olvidarte.

             Aunque tu no presencia sea mi bienestar.

             Soy tuyo y me perteneces; te necesito.

             Porque sólo contigo soy algo

distinto de nada.

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Qué Navidad ni Navidad

Perdonadme, pero me resisto frente a la máquina de consumir que nos aplasta. No paso por que manden en mi miseria. En que me digan cuándo y cómo tengo que felicitar a las personas que quiero. Todo ordenadito, como borregos amaestrados. Beeeeeeee. BEEEEEEE. Sobre todo este año con tantas ausencias. Sobre todo ahora.

Me resisto a tragarme 12 uvas como un pavo una detrás de otra porque una navidad donde había excedentes, unos avispados comerciantes catalanes tuvieron la idea de despedir el año a uva por campanada. Puestos a hablar de Navidad, ¿no os resulta raro que esté colocada encima de otra festividad hereje que conmemoraba el solsticio de invierno? Retornando al poderoso caballero, me resulta vomitivo que una gran casa comercial coja a un pobre viejo gordo vestido de verde que resulta que es santo (San Nicolás), y lo disfrace de su color rojo corporativo para hacer publicidad del refresco. Y cómo cuajó la cosa, oiga. Al final los niños prefieren los regalos del repartidor de refrescos de una multinacional que viene en trineo, porque llegan antes que los de los pobres reyes que vienen del otro lado del mundo, siguiendo una estrella para adorar al hijo de un carpintero. No es un buen nicho de mercado, no. Pues agarraros que Rudolf, el reno heterosexual de nariz roja, se está sacando el carné de piloto de dron. Vais a flipar. 

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Es superior a mis fuerzas. Hasta en el plano religioso me obligan a rezar a Dios en un sitio concreto. Delante de un sagrario de oro donde se supone que lo encierran para evitar no sé qué cosa. Al que nació en un pesebre y que se juntaba con mujeres y con gentuza. El de los pelos largos que echaba a latigazos a los mercaderes del templo. Os digo una cosa, ese hombre o su mensaje deben estar en todas partes, no me gusta que me digan dónde. Y os hago una confesión: a veces blasfemando cuando la vida te da un serio revés, me doy cuenta de que tengo a Dios presente. Y de una extraña manera, -los caminos del señor son inescrutables- me doy cuenta de que así estoy rezando.

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Y esto es lo menos importante ahora. Lo triste es intentar evitar que el rebaño de jóvenes repita las mismas pautas año a año cuando les has sobreprotegido toda la vida. Que se junten de botellón y se contagien cuando se creen indestructibles y que deben tener una recompensa por lo del confinamiento. Les hemos ocultado imágenes duras, información trágica, la verdad. No les hemos dejado tomar las riendas de su destino por nuestros propios temores y ahora queremos que maduren 18 años de golpe, porque si maduras papá te compra el IPhone nuevo con el dinero que le presta el abuelo de su sueldo de mierda.

Creo que hemos fracasado, que quizás tenemos lo que nos merecemos y que la próxima especie (no sapiens) está presta a tomar su relevo en la primacía evolutiva. Esto está perdido. Algunos dicen que serán los cereales, que han colonizado todo gracias a nuestro auge como especie –pensadlo despacio que asusta-. Yo prefiero pensar que serán los lobos los que dominarán la tierra, una especie mucho más justa y noble que la humana, que pese a ser menos fuertes que otros animales nunca trabajaron para el circo.

Y siento que he traicionado a mis ancestros. A los que pagaron con sangre literalmente cada pequeño logro, cada progreso, cada derecho ganado a la miseria que lo asolaba todo no hace tanto. Los que reventaron trabajando para tener hoy gratis las oportunidades que ellos no llegaron siquiera a soñar. Y con todo ello conseguido, hemos dejado que esto se esté yendo al carajo por miedo a tener éxito, por ser políticamente correctos o por no saber -siendo tan listos- lo más importante, lo único importante: el valor de las cosas independientemente de su precio.

Estoy seguro que nuestros padres y abuelos no se quedarían callados en tiempos que precisan hombres y mujeres recios, no tibios ciudadanos conformistas como los de ahora. Si os soy sincero es un alivio que los míos estén casi todos muertos, para que no vean en lo que hemos convertido su legado. Ellos eran miserables, estaban oprimidos y eran ignorantes; pero eran hombres y mujeres con un código de honor inquebrantable, compartían su miseria con alegría y festejaban si podían cada segundo porque su vida era muy simple: su vida era auténtica. No hacían falta regalos ni falsas promesas. Ni días en los que te vistes de gala porque todo el mundo lo hace y aparentas que eres feliz, pese a que teniéndolo todo estás lleno de vacío. Aquellos hombres eran felices de verdad todos los días, para ellos todos eran Navidad, todos los días eran iguales de ilusionantes porque no temían mirar cara a cara al futuro pese a que estaba sembrado de infinitas penurias.

Pienso constantemente en lo que harían ellos de estar en mi lugar, de vivir estos días que llamamos oscuros. Dudarían poco, os lo aseguro, no se dejaría avasallar. No retrocederían ni un ápice de lo que consideraran justo, que no es lo que tenemos. Pegarían un manotazo a la mesa donde comemos ahora del pobre soborno con el que nos contentan, esas migajas con las que malvivimos y se lo jugarían todo a una carta. No sé si tendrían un futuro, pero les encantaría adivinarlo escrutándolo en las tripas de la mayoría de los gobernantes que hemos tenido desde hace muchas décadas. Seguro que sería un futuro esperanzador. Un futuro en el que la Navidad volvería a tener el significado de antaño.

Dos décadas de investigación sobre el ajo en la UCLM

Es curioso, porque de 20 años aprendiendo sobre el ajo no destacaría los resultados científicos, que los hay. Ya sabéis, apostar al morado es hacerlo a caballo ganador. Lo dice la tradición de la abuela o la historia del hombre desde que pudo quedar constancia escrita en unos jeroglíficos. Lo que en realidad destacaría es a las numerosas personas –algunas ausentes- y sucesos casi milagrosos que configuran una preciosa historia sobre amor a una planta y a una tierra. Cabezonería y fe: combinación explosiva.

Flor de ajo

Y todo esto comienza con Luis, al que su padre ha intentado inculcar su sentimiento por esta planta en Las Pedroñeras. A veces asociado a trabajo humilde, a estar en cuclillas con muchísimo sueño, a desgranar cabezas durante largas tardes de verano junto a tu familia. Otras veces el ajo es solo actor secundario, desparramado en el suelo de las casas viejas para secarse, como adorno, como planta verde que perfila el horizonte, como amuleto en las imaginarias. Siempre allí. El olor que te da la bienvenida al pueblo mucho antes que veas la torre de la iglesia desde la galera, o cuando bajas la ventanilla de la viajera al disfrutar del primer permiso de la mili y súbitamente lo percibes en el aire y te das cuenta que ya estás en casa.

Ristras de Ajo morado de Las Pedroñeras

Pero para Luis el ajo ha sido un compañero vital, pero inicialmente lo ha odiado intensamente a lo largo de las incontables noches y días en los que ha tenido que levantarse para trabajar en el campo. Ha incomprendido cientos de veces la mirada de admiración y satisfacción que su padre dedicaba hacia esos extensos cultivos.

Con estos precedentes, el cuento de un pequeño pedroñero que quiere investigar sobre los ajos en su proyecto de fin de carrera parece imposible. No puede ser que un estudiante que renegaba de los ajos, se empeñe en investigarlos, después de haber leído un extraño artículo en inglés que habla de las buenas propiedades de un macerado. De entre todos los profesores a los que intenta convencer da con uno que no le dice que no: este que escribe. Se pone en contacto con investigadores del Hospital Ramón y Cajal que andaban haciendo en su pueblo un estudio sobre la incidencia del Hellicobacter pylori. Esto permite iniciar una colaboración duradera entre instituciones de organismos (sistema sanitario frente a universidad), regiones y de vinculaciones políticas diferentes. Hacer cada uno su parte, poniendo dinero rebañando de otros proyectos y trabajando gratis en estas condiciones es imposible en España.

Antonio García Plaza. Jefe de Gastroenterología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid

También parece imposible que en todo lo que se prueban los extractos de ajo funcione. En todo. Mejor que los medicamentos de primera generación superpijos que preparan las farmacéuticas para la próxima década. Es imposible que lo que decía la abuela sea cierto, literalmente.

Y los resultados crecen. Y pesan. Actividad frente a la bacteria helicobacter pylori, como antiinflamatorio, en el descenso de la tensión y del colesterol, como antitrombótico y eficaz frente a algunos tipos de células cancerosas. Placas de vidrio con mucosa gástrica de pacientes encamados, arteria coronaria de cerdo, cuerpo cavernoso de pene humano, ratones… El peso de los resultados avala una patente que conserva estables las propiedades del extracto de la UCLM (Alibén®) mediante un proceso de liofilización, de forma diferente al resto de productos del mercado que se oxidan con facilidad.

La patente es golosa, y hay algunos contactos para venderla. Pero nuestra idea es desarrollar un producto comercial que sea una imagen de nuestra tierra y sospechamos que las compañías que ofrecen la van a meter en un cajón y no desarrollarán el proyecto con nuestra ayuda. Nos negamos.

Hace falta constituir una empresa, una spin-off, que pueda desarrollar la patente. Nos liamos la manta a la cabeza y formamos una los investigadores de la patente. Aprendemos economía y funcionamiento de empresas. Nuestra idea de producto neutraceutico derivado de los ajos obtiene un premio de emprendedores y se perfila mucho. Pero el camino apenas había empezado.

El Jefe de investigación del HGUCR, doctor Fco. Javier Redondo, explicando el preciso movimiento de pies para sembrar los hilos de ajos.

Luis, el pequeño Napoleón pedroñero se ha hecho doctor a costa de horas de sueño, pero no ha perdido un ápice ni del empeño ni de la ilusión iniciales. La investigación de la UCLM continúa pese a crisis y altibajos para incorporar al equipo a personal del Hospital de Ciudad Real y de su UIT. Alucinamos con las posibilidades del producto, en reuniones fijadas después de toda la noche de guardia. Posibilidad como cicatrizante, en cáncer de colon o en sepsis. El núcleo del hospital empieza modestamente como nosotros, pero tiene un ánimo inquebrantable como el nuestro. Al poco tiempo se obtiene una nueva patente -la primera de la Universidad con el SESCAM-, y el Dr. Javier Redondo recoge en nombre del equipo un premio regional de investigación. En el discurso habla de los ajos y de los valores que le han inculcado sus padres. Como no puede ser de otra forma, el grupo crece y continúa en la brecha. La actividad antiinflamatoria junto a otras propiedades llama la atención del centro nacional de Biotecnología para probarlo como candidato frente al Covid-19.

Premio Regional de Investigación 2019

En la parte de desarrollo comercial una empresa de la que forma parte Luis aplica la patente y desarrolla dos productos comerciales con actividad cardiovascular y para fortalecer el sistema inmunológico: ha nacido Alycin. La universidad colabora en el desarrollo de los productos junto a nutricionistas y otras personas que se van incorporando a esta fantástica historia. Como digo, es difícil prolongar un proyecto de investigación más de dos décadas en España (la palabra correcta es milagro). Esto es debido sin duda a la ilusión contagiosa de cada persona. Es un privilegio trabajar con gente que cree en lo que hace. Es un orgullo trabajar con gente que no se rinde. Gracias, AMIGOS.

Ignacio Gracia y Luis Antonio Gómez

El orgullo de los perdedores

Hace mucho tiempo, cuando todavía no usábamos mascarilla. Una anciana da una limosna a un mendigo ubicado estratégicamente en la puerta de entrada de un supermercado. En principio la imagen no tiene nada de especial, es una de las múltiples que vemos cada día y que pasan rápido delante de nosotros, como los postes del tendido eléctrico vistos desde el tren. Ante esta situación como mucho avivamos el paso, no sea que nos sintamos comprometidos, incomodados por algo que intuimos que nos puede afectar.

Es una pena, porque hubiéramos percibido un gesto heroico. A veces no vemos ciertos detalles; de hecho la mayor parte de las ocasiones actuamos como ciegos. Estamos educados desde pequeños para aborregar nuestro comportamiento a unos cauces establecidos. Para mitigar y mutilar nuestros sentidos, para percibir sólo lo que es políticamente correcto, socialmente adecuado. Evitamos lo que compromete, la empatía si no es adecuada. Recompensada. Por eso los niños, antes de ser sometidos, mantienen esa mirada, esa curiosidad. Por eso sólo permitimos a algunos valientes que mantengan esa percepción infantil de por vida tachándolos de locos o de genios, algo inalcanzable, no os molestéis en imitarlos. Es una pena, pero hoy os voy a centrar en la imagen que tardamos habitualmente dos segundos en ver y olvidar. No porque tenga más percepción que vosotros, sino porque sigo escribiendo de cosas reales, la mujer es mi madre.

foto: tusbuenasnoticias.com

Es este el encuentro entre dos perdedores en realidad. Entre dos soledades, independientemente de la posición social de cada uno. No es difícil, si quisiésemos, darnos cuenta de los modales del mendigo, que no avasalla a los transeúntes. Está en un segundo plano, ni siquiera incomoda con la mirada. Pero mantiene la cabeza alta, como los marinos cuando se enfrentan al océano en un pequeño bote. Respetando al mar, pero actuando como marino, que es decir mucho. Pese a lo ajado de las ropas, si nos hubiésemos acercado hubiéramos comprobado que tiene las manos cuidadas, indicativo de que no ha sido mendigo toda su vida. Incluso si lo saludásemos nos daría las gracias sin pedirnos dinero, eso ya lo dice un cartel con “vivo en la calle”, escrito con buena letra. Nos daría las gracias por saludarlo, por querer verlo. Por prestarle atención.

Si lo hubiéramos saludado como la señora, nos hubiéramos dado cuenta que es viejo, pero no anciano. Con cierto porte. Que acepta la moneda con un “gracias” sincero, pero que en seguida acepta mucho más agradecido la breve conversación que se entabla, escondiendo la moneda con elegancia, escamoteando hábilmente el dinero para que no ensucie la charla. Son formas de hombre inteligente, habituado a tratar a muchas personas y situaciones. De buen camarero –que también es decir mucho-, de filósofo de la vida. Podríamos escuchar que el señor se permite recomendar a la anciana que compre el té a granel porque sale más barato que la caja de veinticuatro bolsitas que ve que ha comprado a través de la bolsa. Le pregunta el precio de la caja y en una décima de segundo le dice lo que cuesta una. Tabla de multiplicar del doce de memoria, eso es típico de comerciales o vendedores. O de que es muy inteligente y tiene la memoria intacta.

El hombre agradece sobre todo la atención. Dice que es de Andalucía, que viaja para ahorrar dinero para la familia mientras no es un cargo para ella. No sé si será verdad. Pero el consejo que comparte sí es sincero: “nunca se enfade con la familia”. Si entrásemos en la conversación en este momento no veríamos diferencia entre los dos, ni entre el resto de los clientes del supermercado. Nos daríamos cuenta que la anciana está sola desde que su marido murió hace años y que también busca de alguna forma lo mismo que el hombre: que esta sociedad preste atención a los ancianos. Quizás si estuviésemos los tres minutos que dura la charla podríamos percibir un eco de tristeza en los ojos claros del mendigo. Un vacío, una decisión, una mirada de orgullo. Una mujer que arruina la vida y a la que todavía se sigue queriendo.

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Y cuando la señora, casi al despedirse, se queja de lo mal que está la vida y de lo poco que dan de sí las pensiones –os recuerdo que se lo está diciendo a un mendigo-, el hombre enarca la ceja y aparece otra vez en sus ojos entornados la mirada del hombre de mundo, la del comercial cuando hacía los cálculos. -¿Señora, cuánto gana usted de pensión? –Seiscientos diecisiete, me han subido uno cuarenta al mes, una vergüenza, -contesta-.

El mendigo se lleva la mano al bolsillo y discretamente tiende a mi madre una moneda. “Señora, me ha dado un euro y eso es demasiado para usted. Cincuenta céntimos son suficientes. Le devuelvo los otros cincuenta. Cuídese y que tenga un buen día”. La mujer coge la moneda y cada uno vuelve a sumergirse en su soledad. Todo eso nos hemos perdido. No es nada, repito, pero quizás nos habría hecho reflexionar sobre si seremos alguno de los dos en alguna ocasión en la vida. Apuesto a que sí. Y que quizás deberíamos pensar cómo nos cambiaría la cosa si en un país en el que hasta los mendigos tienen un código de honor, hubiésemos tenido un solo gobernante con esa honestidad a lo largo de nuestra desgraciada historia.

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El crepúsculo de la cultura (tocan a degüello)

Se llama José Luis Vázquez y hacía críticas de cine. Esta es una historia sobre un amigo al que muchos conocéis digna del maestro Ford. La película del último romántico que baila sobre un abismo en el alambre de la cultura, que alguien está cortando en un maldito giro de guion. Un western crepuscular, un viaje anunciado a Lordsburg con todas sus consecuencias. Casi treinta años intentando malvivir de la cultura, anteponiéndola a la sensatez o a la salud; pero es lo que tiene escuchar con especial claridad tu voz interior, que te vuelves loco o te conviertes en leyenda. Es lo que tiene el amor al cine, el que lo probó lo sabe.

Y cuando los hechos se convierten en leyenda se imprime la leyenda, en tu caso digitalmente. Has sido un narrador preciso de tres décadas de la vida de Ciudad Real en diario de un cinéfilo compulsivo. Es más, durante la última década has hecho posible (y muy asequible) el mejor cine para los espectadores, con críticas en tu presentación al nivel de las mejores del mundo. Has conseguido el milagro de llenar reiteradamente salas de 400 personas; o que desde jóvenes a viejos acudamos a los abrevaderos de la cultura simplemente pidiendo en taquilla “La de José Luis Vázquez”. Como parte de la UCLM debo agradecerte que hayas ofrecido tu criatura de “Versión UCLM”, generando un espacio de cultura y un protagonismo de mi institución donde antes sólo había un desierto.

Tu legión de amigos siempre nos hemos preocupado por tu desinterés. Ya te dije en la despedida del periódico que tú también le darías un enorme fajo de billetes a una pelirroja para que lo quemara, fijo. El problema de todo esto es que los progres de salón de la calle mayor no valoran –ni pagan- la cultura, pero tienen una enorme envidia de una persona que sienta cátedra cuando habla. Porque eres tan bueno en lo que haces que no necesitas demostrarlo. Además, tienes el defecto de ser una persona coherente en tu discurso, enemigo de los sectarismos. Y ese es el peor defecto en un país donde una de cada diez cabezas piensa y nueve embisten. Te convierte en una persona peligrosa, porque sin quererlo pones en evidencia a la fría bestia insensible y a sus sectarios.

Y por eso te están cortando la línea de vida. En el primer revés, alguien de esos que no soportan tu libertad de pensamiento, tu no sectarismo, te ha vetado en “Versión UCLM”. Me parece un mal negocio para la uni y para la cultura de la capitalilla, porque encima no se han ahorrado nada con la medida. Es una venganza personal y un derroche que en estos tiempos no nos podemos permitir, porque la actividad costaba lo mismo contigo. Mal negocio para una institución cuyo fin –sospecho-, es la cultura. No sé si lo sabíais, pero os lo tenía que contar porque soy un científico y describo lo que veo. El mundo del poder seguirá girando impasible, los malvados se seguirán tomando Cañas fresquitas, pero habéis jodido a un amigo y espero que os sepan a treinta monedas de plata.

La pena es que esta actividad era el único sustento que tenías y la película de tu vida se ha transformado en una historia de terror que os reseño brevemente. Nada nuevo, un ejemplo entre muchos miles de cómo la maquinaria burocrática aplasta a las personas con algunos responsables deshumanizados mirando para otro lado sin darse cuenta de que los que sufren son personas. 

Foto: Rio Bravo (Howard Hawks)

Sobrevivías hasta hace poco con el sustento de un ERTE, pero por un problema burocrático que no es culpa tuya en la gestión de papeles han anulado todo tu sustento anual con carácter retroactivo y te reclaman 5000€ desde el principio, segunda estocada o rejón de muerte. Y con la pandemia intenta llamar por teléfono para resolverlo. Al monstruo en que se ha convertido el sistema se la pela. Tampoco puedes recibir otra ayuda porque como puedes reclamar (se resolvería dentro de un año y medio si sobrevives sin comer ese tiempo), en los sistemas informáticos constas como en trámite, con lo que no puedes optar a otras soluciones. Así la administración se ahorra una subvención de mierda más para una persona que lo necesita realmente. Con esto supongo que se destinan esos dineros para algo más importante. A ver si me ayudáis por favor a encontrarlo que no lo veo.

Repito que este es sólo un caso entre miles, pero es un ejemplo poético de alguien que se lo veía venir por la actividad sin red y la vida bohemia a la que se dedicaba. Y porque quizás todos, alguna vez, nos hemos planteado hacer lo mismo si hubiésemos tenido el valor o la locura que tú mostraste. No pides, no te quejas. Resistes mordiendo las riendas en la última carga desenfundando los revólveres con las dos manos, pero el problema es que ya casi no quedan balas en el viejo Colt Dragoon que te acompañó toda tu vida.

Me gustaría hacer algo, porque tú me has enseñado en una peli que las únicas causas por las que merece la pena luchar son las imposibles, porque a pesar de que sabes que vas a perder continuas luchando. Quiero seguir pensando que el milagro de Atticus Finch es posible, que la pluma es más poderosa que la espada y por eso escribo esto. Me gustaría pedirte, lector, que difundieras esto entre los nuestros, para hacer quizás real ese milagro. Recomprar las pistolas que empeñaste en tus horas bajas o dar una patada a la escupidera a la que te han arrojado una moneda. Para dar una opción más a este mundo para la redención, porque las uvas de la ira están maduras. Y si esto no es posible, acompañarte por lo menos en este Álamo personal. Porque los Fordianos no nos rendimos. Porque el que pelea un asalto más, como decía Corbett, acaba siendo invencible. Porque somos una legión que reclamamos justicia o morimos en el intento, pero nunca podrán decir de nosotros que nos vieron en el acto de rendición. Porque si Comanche significa enemigo de todos, eso nos convierte en Comanches.

Foto: El Álamo (John Ford)

Tocan a degüello. Buen momento para salir a hacer una ronda por la ciudad, en vez de esconderse. Imprimamos y divulguemos la leyenda. Resistamos junto al último cinéfilo. Desde su trono, el viejo maestro al que nos encomendamos nos dirige usando plano fijo. El Álamo no se rinde.    

Pasa pero no paga

Ayer una compañera opositó a catedrática de Universidad, en la Complutense. Se llama Lourdes. Su historia es un poco especial, porque siempre ha nadado con la corriente en contra, por decirlo de alguna forma. Forma parte de una generación con una preparación enorme y que es la que ahora tira del carro (o debe) desde el punto de vista científico y docente en este bendito país.

Ha hecho todo lo que debía y un poco más para poder desarrollar una sólida carrera en este microcosmos al que pertenezco: docencia universitaria e investigación. Para los ajenos a este mundo es difícil de entender, pero esto asocia una pauta en la que jamás dejas de estudiar. Implica una formación impecable basada en fundamentos científicos que te marca de por vida y te diferencia de los charlatanes, pese a quien pese. Becas para hacer estancias en el extranjero en los mejores sitios y con los mejores investigadores, trabajo docente, innumerables jornadas de investigación, asistir a congresos, conocer todo lo relacionado con tu trabajo. Intentar aplicarlo para que el resultado no sea una publicación que se lee menos gente que esto, sino revertir a la sociedad lo invertido en forma de patentes o incluso arriesgarse a formar empresas, empeñando los ahorros en poner mejores productos en el mercado. Se dice rápido, pero os aseguro que no es fácil.

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Es una de las personas más brillantes de su generación, pero en España este tipo de personas no están predestinadas al éxito o a una vida sencilla. No os quiero desvelar lo que está detrás de las cortinas, pero os lo podéis imaginar teniendo en cuenta lo que pintamos los científicos (en consideración social y en apoyo financiero). Aquí solo se habla de nosotros cuando le vemos las orejas al lobo, o cuando vemos con envidia las vacunas de otros países (que son peores que la nuestra, por cierto).

Pues imaginaos partir de cero varias veces y empezar una línea de investigación. Buscar fondos, colaboradores, temáticas. Aprender, tropezar con una maquinaria brutal y torpe para volver a levantarse. Piedras en el camino, sinsabores y complicaciones. Y si la investigación es cara imaginaos lo que se financia en épocas de crisis, que para esto es siempre.

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Pero Lourdes tiene un carácter especial, es una de esas mujeres con ovarios de granito que nunca se rinden. Ya en su familia se daba muestras de este instinto de supervivencia cuando en la posguerra su abuela cruzaba la frontera con otras mujeres, obrándose el milagro laico de que todas volvían el mismo día embarazadas en elevado estado de gestación. Y para el asombro de los que no saben lo que es el estraperlo, en el mismo tren se producía el parto en forma de chorizos, lomos de cerdo y latas de leche en polvo que se arrojaban al lado de la vía a las personas convenidas. Una vez alguien poco convenido le impidió atravesar la frontera con una cántara de leche, exigiéndole un soborno excesivo. Su abuela le dijo, mirándolo a los ojos: “Esto pasa pero no paga”. Y tuvo los santos ovarios de beberse la cántara hasta el fondo. Pasó sin pagar, con el estómago a punto de reventar, pero no pagó. Con un par.  

Así es Lourdes. Después de muchas decepciones sigue luchando con la ilusión del primer día. Plantea un proyecto para eliminar el Covid de una forma sencilla. Busca financiación para algo que no entiendo por qué no se ha concedido desde hace tiempo, pero ya os he dicho cómo funciona esto. Chocolate para todos o hambre para todos. Pero no importa. Lourdes no se rinde. Habla en su propuesta de ilusión, de ambición. De estabilizar a la gente que trabaja en su grupo. Vuelve a buscar apoyo económico y nunca se rendirá. Al final de su exposición tiene un agradecimiento especial a los tutores del colegio rural de su pueblo. Eso es tener clase.

Porque sé que es como el sheriff John T. de Rio Bravo, que es capaz de resistir frente a un ejército de malvados sin más ayuda que un chico que escoge el camino correcto, y otros amigos en horas bajas se quieren redimir. Resisten cantando y disfrutando momentos de franca amistad porque hacen lo que deben.

Solo me queda darle las gracias por ser un ejemplo para todos. Es un regalo tenerte como vicepresidenta en la asociación FLUCOMP y en este mundo de los fluidos supercríticos. Necesitamos más gente que no se rinda, y que cuando suena el toque de degüello, en vez de encerrarse en la oficina, salga a hacer una ronda por la ciudad.

Enhorabuena, Lourdes. Hoy el mundo es un poquito más justo. Aún tenemos esperanza.

La fiel infantería

Llama la atención por ser razonablemente joven para ser monja, vista la media de edad de sus compañeras. Como todas, tiene la tez blanca y un carácter serio y educado, con una voz con leves matices cantarinos que delatan su origen de ultramar. Se levanta a las 5 de la mañana para desarrollar, rezos aparte, una enorme e infatigable labor durante la larguísima jornada. Es de destacar el entusiasmo con el que aborda cada tarea, el ánimo -casi se diría felicidad-, con la que supera el cansancio sin siquiera poner una mala cara.

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En estos tiempos que corren choca la sencillez de su carácter, la forma en la que ayuda a las personas que cuida. Pero sobre todo la forma en la que afronta cada momento, riendo como una niña ante anécdotas simples, ocurrencias cotidianas. Muchos modernos pensarán que es desperdiciar la vida, pero posiblemente los que piensan eso nunca encuentren el sentido de la suya, ni encuentren la felicidad en la aceptación o en la contemplación de lo importante, que es lo más simple. Misticismo, religiosidad, trascendencia y humildad son palabras demasiado grandes para calzarlas hoy en día. Así nos va. Sin referentes morales.

Seguro que echa de menos a su familia, demasiado lejos y con un océano de por medio. Pobre en términos de allá, que hasta para ser pobre hay sitios con mala suerte. Supongo que en algún momento se ha planteado si la elección fue la correcta, si mereció la pena sobre todo por sus padres. Pero tomó una decisión, asumió un compromiso y nunca os confundan sus formas amables: jamás faltará a su palabra.

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Y la miro y pienso que seguimos teniendo la mejor infantería del mundo. Que es esa clase de personas las que aguantan sobre sus cansadas espaldas un mundo de mentira, que se tambalea en un tente-mientras-cobro universal. Que el día que alguno de estos pilares se venza va a caer todo como una hilera de fichas de dominó. Me doy cuenta que estos luchadores son los que valen la pena porque son los que no se rinden nunca. Pertenecen a una fiel infantería mal pagada, zarrapastrosa, hambrienta, mal equipada e indisciplinada en todo y con todos salvo cuando importa: en el momento de la verdad. Entonces se comporta como un solo hombre de honor, como dijo Napoleón. Con una saña, una autodisciplina y una profesionalidad combatiendo codo con codo que no fue fácil de volver a ver en la historia. Estos son hoy personas como ella, policías, enfermeros, bomberos, profesores o barrenderos que no se abandonan a la corriente y se levantan cada día para complicarse la vida y no mirar para otro lado cuando pintan bastos. Una y otra vez. Uno y otro día, frente a la corriente en contra. A veces ni siquiera por mejorarse ellos mismos, sino que hacen actos heroicos por vergüenza de no dejar en la estacada a sus compañeros. Como aquel soldado cuyo cadáver fue encontrado en su puesto cuando la erupción del Vesubio: no fue relevado y se mantuvo en su posición así viniera el infierno a buscarlo. Por eso fuimos invencibles y lo seguiremos siendo, porque esto no se puede comprar con sucio dinero.

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La monja ha intentado tres veces conectar la tarjeta y los cables de un teléfono para que una anciana pueda hablar con su familia. Lleva un buen rato intentándolo, pese a que se le acumula trabajo por otro sitio. Es de la generación analógica y no se le dan bien esas cosas, pero al final se da cuenta que el cable de alimentación de la base no estaba conectado. Consigue solucionar el problema riéndose de sí misma por lo poco hábil que es manejando los teléfonos modernos, pero sabía era solo cuestión de probar las veces que hiciera falta. El tiempo que hiciera falta. Pardiez, no sabemos la suerte que tenemos de tener aún este tipo de personas.

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Hambre y vergüenza

Aunque muchos jóvenes no lleguéis a creerme, hubo un tiempo en el que se pasó hambre. Un tiempo terrible, y fue aquí mismo. Los que vivieron en aquella época hablaban poco, posiblemente porque después de contemplar el horror del que es capaz el ser humano ya no se es la misma persona. No perdían el tiempo en hablar en vano, porque tenían muy claras las cosas importantes de aquel infierno, y sabían lo que puede ocurrir cuando se alimenta un fuego con el peor combustible: palabras falsas, o verdades a medias, malintencionadas. Por eso el mensaje simple y unánime de sus labios era: “nunca dejes que esto se vuelva a repetir…”. Por desgracia hoy nadie se acuerda de los consejos de aquellos hombres y mujeres, pese a que, sin conocerlos, muchos se erigen en sus portavoces. Tienen grandes megáfonos mediáticos y poca cautela. Estos nuevos mesías se empeñan en abrir a martillazos la caja de pandora que enterraron bien honda nuestros abuelos, con la azada o arañando si hacía falta la dura tierra con sus manos llenas de callos. Para que no se volviera a repetir.

Respeto muchos de los silencios y de las verdades de aquella época. Incluso aquellas, que como decía Lorca, “si saliesen a la calle y gritaran llenarían el mundo…”; por eso no las tomo en vano. Hoy quiero hablaros de algunos episodios reales de hambre. En algún tiempo cercano hubo niños haciendo enormes colas a la intemperie para pedir unos calcetines de lana. Todavía recuerdan regresar con las manos vacías porque su padre murió en el otro bando; triste recuerdo porque los calcetines eran para el hermano pequeño. Otro caso entre tantos es un vecino que iba al colegio en alpargatas, pero que en cuanto llegaba a casa su madre se las quitaba rápidamente para no desgastarlas. Así de dura era la posguerra, encima descalzo para ahorrar. Esto que algunos ni se imaginan es más surrealista -por veraz- que muchas de las historias inventadas en las películas.  

Un hecho igual de triste fue vivido en mi familia materna. En mi pueblo había un chico con alguna deficiencia que vagabundeaba viviendo de la caridad de las personas. Pese a ser catalogado como tonto porque iba a todos los sitios corriendo, estaba razonablemente bien vestido y aseado. Le gustaba ponerse una raída corbata y tenía ciertos modales. Habitualmente iba a pedir comida a la casa del señor cura, y lo lastimoso era que tenía que esperar a que la sirvienta le sacara las sobras -si las había- para poder saciar su hambre. El caso es que mi tío Pedro, que tenía un corazón demasiado grande para tolerar injusticias –así le reventó al pobre-, un día se lo llevó a comer de improviso a casa de mi abuela. “No te preocupes, que hoy vas a comer sentado a la mesa como uno más”. Pues el chico, cuando se vio efectivamente uno más, cuando le servían a la vez que a todo el mundo, no pudo comer. Por vergüenza, por no molestar, por emoción o por sentirse inferior dado el triste hábito de comer sobras. Un ejemplo entre millones de anécdotas, a diario. Y por desgracia no exagero ni el número ni la frecuencia, echad cuentas los más viejos.

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El gesto de aquel chico fue estúpido, equivocado, triste. Pero coherente con lo que pensaba, y en consecuencia extraordinariamente educado con su actitud, a su forma, cuando ni siquiera podía permitirse serlo. Cada una de esas renuncias, se fueron amontonando durante días y años en un enorme saco de arpillera que cubría este país de miseria. Para que la siguiente generación, y su sucesiva, tuvieran oportunidades primero en un país del primer mundo y luego en un país en paz y razonable bienestar. Hablo de progreso. Hablo de libertad. Por eso, estos días en los que olvidamos y hacemos olvidar lo que había en aquel enorme saco de arpillera recuerdo con pesar el mensaje más importante de mi abuelo: “nunca dejes que esto se vuelva a repetir…”. Y francamente, echo de menos a un líder, a uno solo, que aparque su egoísmo y se comporte como aquel chico en casa de mis abuelos, cuando no pudo comer por vergüenza.

Los trajimos al pueblo

Aquello fue digno de salir en los cantares, como decimos aquí. O en términos precisos de medida: “el recopetín”. La ocasión la puso en bandeja la otrora maldita política. El caso es que el único diputado de “La Mancha Existe” recibió la atención de la nación ya que su voto era el que decidía la composición del nuevo gobierno. Por una vez pudimos exigir. Además de prebendas de alta velocidad, untamientos varios (el dinero es más fácil de repartir que la cecina o el vino durante la pausa de la vendimia), nuestro diputado lanzó un órdago cuando estaba casi cerrado el trato: “Quiero además que el campeón de liga juegue un partido con el equipo de mi pueblo”. Y el que se convirtió luego en presidente, ducho en arte de elevarte hoy a los altares y mañana quemarte por brujo, concedió lo imposible: “Barato me compras” –dijo, sellando el pacto con un blando y sudoroso restregón de codo.  

Aquello fue la más alta ocasión que vieron los paisanos. El campeón de liga y reciente campeón de Europa frente a un equipo de tercera regional. Creo recordar que se amañó una primera ronda de copa o que se cambió una de las bolas de los equipos en el sorteo, pero eso es lo de menos. Nos dispusimos a ver a los mejores futbolistas in vivo, una expectativa nos causaba vértigo por proyectarnos al universo de los medios. La barbería de Pelayo no dio abasto durante dos días, y la gente no paró de viajar de compras a la capitalilla para ir a la moda, que la ocasión bien lo merecía.

Cuando aparecieron en el campo todo fueron malas caras por parte de los profesionales. Y eso que el campo de tierra, ubicado sobre la antigua era, estaba recién regado y tenía las rayas pintadas con la mejor cal del calerín, que relucían como el sol. El amago de vuelta a los corrales de los señoritos se apaciguó después de una llamada oficial de teléfono al entrenador, tras la cual se quedó mudo, con la cara muy blanca y negando con la cabeza.

Finalmente empezó el partido y pudimos comprobar que los campeones empezaron con desgana, pese a que aún al trote corrían mucho más que los nuestros dándolo todo. Es que estaban muy delgados, los malcomíos. Estábamos entregados disfrutando con las incursiones de Roberto el de la gasolinera, o de Josesete Berlanga, el hijo del cura que solo estuvo tres meses en el pueblo. Y entonces empezó el jaleo. Parece ser que alguno de los señoritos se ofendió por algún comentario “Viustealamierda…” o que alguno llamó muerto de hambre al pichichi y se mosqueó; pero vamos, que si no sabes aguantar un comentario no sé para qué vienes al pueblo, piojoso. Quizás fue eso lo que le llamamos, da igual.

El nota ofendidito se remanga las medias de la marca esa del mercadillo pero de las buenas y se pone a regatear a todo cristo abusando de nuestra hospitalidad. Y al llegar al área chica, Cristianell Messaldo, el mejor delantero del mundo, recibió una brutal patada de Jacinto el fresador, nieto de tiracoces. En defensa de Jacinto hay que decir que no fue culpa suya, porque lanzó la pierna a tocar bola, pero Cristianell se movía tan rápido el jodio, que él solo se colocó encima de la bota de Jacinto. Eso le pasa por espabilado y aprovechón, que el pobre Jacinto siempre jugó de defensa por ser gordo y un poco cojo. El problema es que le arreó con la pierna buena, la de apretar el pedal del macho pilón, y sonó un chasquido seco a algo roto. Enseguida la estrella empezó a chillar como una nenaza y a revolcarse, igualico que hace en la tele. Los del pueblo estallamos en una sonora carcajada, y los profesionales se pusieron a quejarse con unos aspavientos y unas alharacas que nos parecieron improcedentes.

El agua fresca del botijo y medio bote de reflex no cambiaron la cosa. Pedían llamar al médico, pero el acuerdo con el diputado solo cubría la asistencia de doce jugadores y el entrenador, por lo que hubo que llamar a Mariano el veterinario. Llegó todo sudado al contao, pero en ese ratejo los pijos forasteros se pusieron muy nerviosos y a nosotros se nos empezaron a hinchar las narices porque el buenazo del veterinario se había dejado los cerdos a medias por ayudar. Sabiendo todos que matanza, vendimia y aceituna son sagradas, que a los abuelos se les hubieran abierto las carnes por el gesto, recordando que el gorrino en guerra había salvado más vidas que la penicilina. Mariano acarició la melena de la estrella para tranquilizarlo, descubriendo que la lesión era grave y no tenía solución. Automáticamente –veinticinco años de experiencia profesional, la opción era clara- le pegó un tiro rápido en la cabeza al de la pata rota para evitar que sufriera. Era lo que había hecho toda la vida; haber traído otro médico vosotros, ansiosos. Y aquello se fue de madre en un momento, no porque nos llamaran asesinos o hijos de puta, sino porque dijeron “pueblo de mierda…”; y todo tiene un límite.

Al final la cosa no acabó bien. La guardia civil tuvo que dispersar a tiros a los señoritos de mierda ayudados por la práctica totalidad de los vecinos. Los apedreamos hasta la linde del pueblo y luego nos fuimos todos a emborracharnos. La tiempla fue de órdago, porque ninguno nos acordamos de la última parte de la persecución. Ahora tenemos el problema del autobús de lujo desierto taponando el cauce del rio, pero como justo está empotrado en el límite del pueblo aparentemente es un problema de la Diputación, seguro que nuestro representante nos lo resuelve. Vaya gilipollas los forasteros, con la ilusión que teníamos. No los hemos vuelto a ver.