Esas malditas alcantarillas

Por desgracia las conozco de memoria. Son 9 desde la rotonda del Quijote Power Ranger hasta la de la entrada a la avenida del hospital. La primera hay que tomarla por el centro para no despegar con el coche, la segunda y la tercera por la izquierda, la cuarta por la derecha. El resto alternativas a izquierda y derecha. La entrada a la residencia es triste. Conduzco al hospital una silla de ruedas con un radio roto y dos cubiertas desgastadas y reventadas por el uso. La silla zigzaguea y se queja más que el enfermo. No sabéis la humillación que resulta eso para un ciclista que compra hasta las últimas estupideces como yo. Y no por el vehículo, sino por lo que supone para el paquete que llevas. Maldigo la pala para apoyar los pies que no funciona y hace que mi padre arrastre el pie derecho y se lo pille a ratos debajo de la silla. Que a la quinta vez que se lo coloco le haga daño y sea consciente en ese preciso momento, por su mirada que aguanta el dolor, que ese recuerdo me va a perseguir toda la vida. Maldigo al malnacido que ha aparcado en la rampa y hace que tenga que cruzar por la acera. Avanzo por una entrada llena de chicles sucios, de papeleras sin recoger, de gente que fuma delante de los carteles de espacio libre de humos. Pero esta gente no me molesta.

Estado de la cubierta de la silla de ruedas que ofrece la residencia

No me molesta la gente que te hace esperar tres horas para la sesión de radioterapia porque no sé qué cosa le ha pasado a la máquina. Me molesta que a las tres menos diez, cuando vas a pasar, tengas que esperar otros cuarenta minutos, con tu padre ya cagado, porque hay cambio de turno y el operario no puede salir cinco minutos más tarde, que eso no está en el convenio. Blasfemas y rezas a la vez a dios y al diablo esperando que el Karma un día le depare lo mismo al simpático operario. O más fácil, sólo les pides a tus amigos del infierno que te permitan encontrarlo una noche en una esquina sin farola un minuto antes de que esto reviente. El resto lo pongo yo.

Reconoces a esa extraña fauna que aparece fruto de la necesidad, de la enfermedad o del sufrimiento. Un buen número de personas que existen, pero que nadie quiere reconocer. Carne de cañón para ser estafadas por su dolor, el mejor de los negocios. Es fácil descubrir la mirada de los corredores de fondo de camino de la desgracia, de los desahuciados. Es la misma mirada de los soldados viejos, hace mucho que no se quejan.

Reconoces el valor de una sonrisa entre los enfermeros o celadores que doblan o triplican la carga de trabajo; porque el doble la hicieron los recortes, pero el triple la constituye el compañero que se escaquea. A los asistentes que lloran de rabia a escondidas porque no dan abasto a atender a los ancianos, a pesar de que sus jefes presumen que les pueden dedicar todo el tiempo del mundo a cada uno por separado. A los médicos que en segundos se percatan de tu situación y se hacen cargo de un paciente más que has traído desplazado, porque en otro sitio no se quieren comer el marrón, o hay que hacer caso a los políticos que dicen que hay que ahorrar en resonancias. Aquellos tendrán un gran futuro. Salvo por lo de la esquina, claro. Te das cuenta de todo. De lo fácil que está planteado el sistema para morirte sin que te dejen un ratito antes en una esquina a ajustar cuentas o puedas llamar a la casa de un político para conversar un minuto sobre dignidad. ¿He repetido mucho la esquina? De lo simple que es decir: “Hala está muerto, los papeles y fuera. A esperar abajo”. A la zona donde los buitres vuelven a colocarte mercancía en forma de cajas de madera. Y pese a todo te das cuenta que no estás solo. Te das cuenta cuando el de la cafetería nota que es la última vez que te tiene como cliente y al no tener suelto para pagar la puta tila no te la cobra y te devuelve las gracias con un nudo en la garganta.

Los amigos de verdad nunca te abandonan

Estás maravillado por el enorme peso que aguantan unas espaldas tan débiles, tan acostumbradas a decir “no pasa nada, venga da igual, cinco minutos más; yo lo hago sin cobrar, uno más no importa…”. Por escuchar con una sonrisa tu historia, que para ellos es la número 32.000, a pesar de que a ellos tú no les has preguntado cuál es su cruz. Esa inmensa cantidad de profesionales mal pagados ―entre tantos otros médicos, sanitarios, soldados, guardias civiles, maestros, policías—, que aguantan el peso de todo el sistema. Y el día que se cansen, ese día el frágil equilibrio se va a desbordar y todos nos daremos cuenta de quiénes eran el pegamento que hace que esta cosa que llamamos país no reviente.

Los mocasines manchados (historia de @MoniquillaMB sobre Afganistán)

Salimos de noche, con todo el equipo. Nos toca lo más difícil, asegurar la retirada. Es nuestro trabajo. Casi todos dormimos en el suelo del avión, ya sabéis el dicho: hay que dormir cuando se pueda, porque nunca sabes cuándo podrás volver a hacerlo. Soy un GEO y estamos a punto de aterrizar en Afganistán.

La tensión estos días ha sido enorme. Pocas veces compruebas tres veces que llevas los torniquetes encima, porque hay muchas posibilidades de que los utilices. Vives constantemente con la certeza de ser objetivo de un ataque terrorista, escudriñando las filas de personas en el suelo con un ojo, mientras que tienes otro pendiente de la silueta de los tejados, de las ventanas y de la línea de la carretera. El arma a punto, el dedo estirado encima del gatillo. Cargador largo montado y unido por cintas a un segundo cargador para que puedas recargar en dos segundos. Hace un calor de mil demonios. Huele a orines y hay un rumor uniforme que lo llena todo: un rio de gargantas roncas de gritar y de llorar.

Dos combatientes talibanes

Y allí está ella. La segunda al mando de la embajada. La última en abandonar el barco junto con el embajador cesado, que pese a ser destituido hace meses decidió continuar en su puesto. Está dando instrucciones delante de mí, organizando la fila o lo que sea. Tiene una apariencia frágil, pero es solo apariencia, os lo dice uno que entiende de estas cosas. Está rodeada de hombres armados que esperan encontrarse en cualquier momento bajo fuego Talibán o reventados por una bomba yihadista. Ella va sin casco y lleva un chaleco antifragmentos sin abrochar sobre una blusa. Pantalones de género y mocasines manchados de barro. Sabes lo que eso significa en el caso probable de una explosión o de un disparo: que no la cuentas. Ella también lo sabe.

Los mocasines manchados (www.elmundo.es)

Tiene los ojos rojos, de dormir alguna hora con suerte en los últimos cuatro días. Con la mirada del soldado viejo, la misma de miles de caras en miles de guerras. Vuelvo a fijarme en sus mocasines de oficina, el atuendo de las reuniones en la embajada, manchados de barro Afgano y he de confesaros que la imagen me llega a emocionar. No sé si sospecháis lo que supone eso para alguien como yo. Lo que implica que el político al mando se meta literalmente en el lodazal junto a nosotros. Que sude (que quizás sangre) y que pase miedo junto a ti en la primera línea de combate.

Meterse en el barro

Sientes una punzada de afecto especial por esa persona, que en pocas horas se convierte en franca camaradería. Gente que hace más allá de lo estrictamente necesario, de eso sabes un rato. La clase de personas que además de comportarse de forma honrada, se comporta con honor. Sabes que independientemente de lo profesional, serías capaz de cruzar el infierno por seguir a esa persona o por defenderla. Y sabes -porque lo sabes-, que dado el caso de que pintasen bastos, le darías sin dudar tu arma corta, si tocase luchar espalda contra espalda antes de diñarla. Mujeres como ella han sido los pilares sobre los que se asentaron nuestros infinitos horizontes. Las que, cuando toca, son las que disparan un cañón enardeciendo a combatientes que flaquean, o hasta tiran de navaja para degollar franceses. Tal cual.

Paula Sánchez y Gabriel Ferrán Carrión, exembajador (www.elmundo.es)

Regresas en el último avión abarrotado, con ella revuelta junto a todos nosotros. Rota por el cansancio, pero con la cara seria. Pensando en los que se han quedado atrás.  Se llama Paula Sanchez Díaz, diplomática vocacional apasionada por la seguridad en Oriente Medio y por la defensa de los derechos humanos. Culta y comprometida con el progreso de la mujer en los países islámicos. En sus actividades profesionales nunca llevaba velo. Eso sí era una forma real de ayudarlas. Un símbolo. Como sus mocasines manchados de barro con los que desembarca al llegar a casa, con la misma ropa. Solo cambia el chaleco por una chaqueta ligera y una pequeña maleta. Para las fotos se sitúa discretamente detrás del embajador, en segundo plano. Nos saluda uno por uno para despedirse de nosotros y me doy cuenta de que su cabeza sigue a miles de kilómetros de distancia.

El regreso a casa (www.abc.es)

Percibo claramente dos cosas. Que con esos mocasines manchados seguimos siendo la mejor infantería del mundo. Y de que, si mujeres con esos ovarios de granito hubiesen sido nuestros gobernantes alguna vez, otro gallo nos hubiera cantado a lo largo de nuestra historia.

Photo by Alex Fu on Pexels.com

Camino a Lordsburg

Este es el desenlace de la penúltima carga a caballo (con los fotogramas al hombro) de ese ejemplo de tantas cosas que es Jose Luis Vázquez, crítico de cine. Hace unos meses os hacía partícipes aquí de su crítica situación. Hice un llamamiento Fordiano a resistir junto al último cinéfilo en nuestro Álamo particular, y he de decir que la respuesta y su difusión en redes fue espectacular. Obrasteis el milagro. Acudisteis en legión, cabalgando en columna de a dos con el sol del desierto poniéndose a vuestra espalda desde muchos rincones de España y de otros 24 países. El artículo en este modesto blog tuvo más de 6500 entradas y pudimos (utilizo el plural porque este éxito es fundamentalmente vuestro) comprobar por una vez como todo el mundo hace piña para arrimar el hombro. Para salvar una situación injusta. Dicen que las afrentas o los favores que te hacen a ti son fáciles de encajar, pero los que se hacen a alguien que aprecias nunca se olvidan. Por eso os doy las gracias a nivel personal por vuestra respuesta.

José Luis Vázquez

Aparte de por esta vía, se recibieron miles de correos emocionantes y llamadas para intentar salvar del incendio esa filmoteca andante que es Jose Luis como persona; que como institución estamos hablando de la historia diaria del cine en Ciudad Real durante más de tres décadas. En alguno de esas propuestas planteabais soluciones como una que llegó hasta a tener nombre: “la taquilla de José Luis”. Ceder el simbólico precio de una entrada para pagarle, digamos, un molar. Conociendo su percal de ser honesto y de además parecerlo, sabía que esto no iba a ser posible. Pero lo que quedó claro es que la solución ideal debería a ser posible generar un espacio que cultura que perdurara más que nosotros.

La idea que sí fue aceptada fue la de crear un cinefórum como asociación que trascienda el hecho de ver películas y que en algún momento pueda llegar a ser además un foro de discusión y de libertad. Algunos añorábamos un espacio llamado “La Clave”, los que peináis canas sabéis de lo que hablo. Pues este fue el Álamo en el que decidimos resistir. Y crear una asociación cultural sobre cine, justo en el peor momento en el que las salas están cerradas, tiene poco de rentable. Una temeridad. Pero hay que ir a Lordsburg.

Proyección el 7 de septiembre SOLO PARA SOCIOS

Y la primera batalla comienza el 7 de octubre, pero nos acompañará en esta lucha perdida la última leyenda viva. Un viejo pistolero llamado Clint Eastwood. Porque los fordianos a la hora de elegir causas pedidas siempre tuvimos suerte. Dada la situación de aforo limitado y otras particularidades se ha optado por una opción formal. No sé si será la mejor, pero es lo que hay. Por el momento se va a emitir una película a la semana solamente para socios, de forma que por 5,5€ de entrada se vea una película de estreno (La primera es Cry Macho, la nueva de Eastwood), precio que incluye 2€ para gastar en consumiciones de los locales del cine. La cuota de socio anual es de 50€. Se podía haber hecho fraccionado o de otra forma, pero es lo que hay, ya no podemos transformar el sable en un arado. Para hacerse socio hay que seguir estas instrucciones.

Por eso os convoco al 7 de octubre. Y si consideráis que podéis ayudar haciéndoos socios aunque no podáis venir, siempre seréis bien recibidos en nuestro Innisfree. Los que nunca valoraron (ni pagaron) la cultura, los de la calle mayor, huyeron en desbandada desde hace mucho. Esto esto no tiene que ver con los que quieran asomarse puntualmente a estas sesiones. En cuanto se resuelvan los problemas sobre aforos de resolverá este problema. Para los que nos queráis acompañar o difundir esta lucha, poco más tengo que deciros. Un abrazo Fordiano.

El pintauñas rojo (una historia real de @fortachi1932)

Dedicado a @fortachi1932 y a todos los que sirvieron en Afganistán

Me llamo Kamila. Soy una niña afgana de 9 años. Mi hermana se llama Sama y tiene 6 años.

No tenemos muchas cosas divertidas que hacer. Ponemos barcos de papel en un gran charco que hay en la carretera y vemos como los mueven las olas que provocan los coches que pasan. Siempre que jugamos en la calle viene algún niño y nos manda callar, o que dejemos de hacer lo que estamos haciendo. De reír. Nos gusta jugar con los soldados. Los que hay ahora son un poco más pequeños que los que había antes. Más morenos. Son más como nosotros. Por eso nos dejan jugar con ellos. Nos traen caramelos, piruletas, bollos de chocolate, zumos y bolsas llenas de golosinas con colores como nunca hemos visto. También nos sonríen, nos miran a los ojos y juegan con nosotros. Nos dejan ponernos sus cascos y nos suben en el techo de sus coches o incluso a hombros. Siempre están rodeados de niños, cuando aparecen por el pueblo todos corremos detrás de ellos. No les molesta. Vienen de un país que se llama España.

Repartiendo los zumos de la comida

Los niños siempre esperan a que les den las bolsas de caramelos. En cuanto nos dan alguna a una niña nos pegan y nos las quitan enseguida. El otro día un soldado muy alto con barba pelirroja estuvo esperando a que se fueran los chicos para darnos una bolsa grande a mi hermana y a mí. La cogimos y volvíamos corriendo a casa, muy cerca, pero los chicos estaban pendientes de nosotras y vinieron a quitarnos los caramelos, como siempre. Antes de que les diésemos la bolsa, el soldado, que también estaba pendiente, vino corriendo y se interpuso entre el corro de niños y nosotras dos. Empezó a vociferar e incluso llegó a empujar a algún niño de los más grandes hasta que todos desaparecieron. Entramos en casa con la bolsa como si fuera un tesoro sin que nos quitara el ojo de encima.

Mi madre ha estado viendo la escena desde una rendija de la puerta. Cinco minutos después me manda a darle una cosa a aquel hombre. Me acerco al transporte y le digo a otro soldado que quiero hablar con el hombre alto pelirrojo. Que tengo un mandado de mi madre. El artillero interpreta mis gestos mejor que mis palabras y asiente con la cabeza. Va a buscar al soldado. Yo no lo entiendo, pero le dice con sorna: “mi sargento primero, tiene visita”. Aparece de nuevo el de las chuches y me mira con cara de estupor. Le entrego el recado de mi madre con mucha vergüenza y mirando al suelo. Cuando mira lo que le doy se queda estupefacto: es un pintauñas rojo. El hombre enorme balbucea y dice que no con la cabeza, pero encuentra la silueta de mi madre en la puerta entreabierta hacia donde señalo. Mi madre asiente con la cabeza. El hombre parece comprender, se pone rojo y se guarda el frasco. Yo vuelvo corriendo con ella.

El pintauñas rojo

Aquel día, hace ya muchos años, no entendí bien el gesto de mi madre y si aquel soldado lo había malinterpretado, o si incluso lo consideró una estupidez. Hoy entiendo que mi madre quisiera enseñarnos que se debe agradecer al primer hombre que nos había defendido delante de otros hombres. Yo tenía 9 años, en cuanto tuviera el período cambiaría el pañuelo blanco por el velo que me tapa toda la cara y me casarían. Nunca volvería a jugar. Por eso recuerdo buscar aquella tarde a mi madre azorada en la caja de las cosas prohibidas. En esa caja había una foto en blanco y negro de unas mujeres con las piernas al aire. De esa caja sacó el pintauñas rojo y me pidió que se lo llevara al hombre que nos había defendido de los otros niños para que no nos quitaran los caramelos. Era muy importante que nadie salvo el soldado viera lo que era.

Hoy sé que ese regalo tenía además una carga de orgullo para mi madre, porque una de las mujeres que llevaban minifalda en la foto tomada en 1970 era ella. Aquel pintauñas era suyo, y quería recordar a los soldados que en algún tiempo vivió como en el sitio de donde ellos venían, en aquella España lejana. Quizás algún día yo podría ser como mi madre o como las familias de aquellos soldados.

Mujeres afganas en 1970

Aquel sargento de la ISAF entendió el gesto a la perfección y conservó el pintauñas de la foto toda su vida. Fue el objeto más valioso que trajo de Afganistán. Años después, las noticias tristes como las actuales hacen imposible el deseo de aquella niña. Pero aquello no fue en balde. Kamila siempre se acordará de aquel sargento y del pintauñas de su madre. Siempre tendrá la esperanza de que algún día otro de aquellos soldados devuelva un pintauñas, quizás el mismo, para que alguna de sus hijas lo pueda utilizar. Ojalá sea el soldado pelirrojo, o aquellos otros españoles que jugaban con ella y su hermana. Los echa de menos. Nunca los olvidará.

¿Qué complementos nutricionales de Ajo y Alicina elegir?

¿Qué complementos nutricionales de Ajo y Alicina elegir?

La duda es simple, pero importante. Los beneficios que aporta el ajo son claros. Pero ¿Debo tomarlo crudo o en cápsulas? ¿Encurtido se pierden las propiedades? ¿Las cápsulas de las tiendas naturistas son eficaces o tienen menos nutrientes?

Para responder a la pregunta paso a desglosar algunas de las evidencias que hemos podido comprobar después de más de dos décadas de investigación en el Departamento de Ingeniería Química de la UCLM, incluidas en una patente.

Reseña de prensa sobre la segunda patente

La alicina es la clave

El ajo tiene muchos compuestos beneficiosos para la salud: Selenio, Zinc, Magnesio, Hierro, prostaglandina E1… Entre todos, el que destaca es un compuesto de azufre que se llama alicina (en realidad pertenece a un grupo de compuestos que se llaman tiosulfinatos). De entre todas las variedades, el ajo morado de las Pedroñeras es el que tiene mayor contenido en alicina, cinco veces superior al ajo chino. solo es un poco más caro, echa cuentas que conviene.

Ajo Morado de Las Pedroñeras

Este compuesto es un potente antioxidante, disminuye la tensión, el colesterol, es antiinflamatorio, anti-helicobacter pylori, antibiótico, antitrombótico y elimina células tumorales In vitro.

Estructura de la Alicina

La alicina se degrada fácilmente. Por eso es antioxidante, porque se oxida antes que otros, preservándolos. Es como un diferencial de la corriente eléctrica; o como la capa de aceite que usamos para cubrir un metal, que al oxidarse primero protege la superficie. La alicina se degrada a temperaturas superiores a 70ºC. De ahí viene el dicho: Ajo cocido, ajo perdido.

El dicho no se equivoca: Ajo cocido, ajo perdido.

LA abuela concha

Conservar es la clave.

Esta circunstancia es la más importante del proceso. La degradación de la alicina es casi inevitable a las pocas horas o días. Malas noticias: los ajos encurtidos no tienen alicina, ni ninguna de las píldoras de ajo que se venden en centros comerciales o parafarmacias. En este artículo demostramos que si no se somete a un proceso de conservación, la alicina se degrada en pocas semanas. Una fecha de caducidad demasiado corta para poder hacer ciencia o un producto. Para la publicación de la patente tuvimos que analizar todas las marcas comerciales existentes en las farmacias o herbolarios y pudimos comprobar que en todas ellas la alicina se había oxidado completamente, salvo en una que retenía una pequeña cantidad por haberse sometido a un caro proceso de conservación por frío.

La ciencia al rescate.

Parece claro entonces que estamos abocados a comer ajo crudo, pese a los “inconvenientes” en cuanto a olor o aliento y a veces reflujo que provoca. Es justo decir que esos inconvenientes son causados por su eficaz dispersión en el organismo, una característica que es ideal para una medicina.

Pero para disfrutar de la máxima cantidad de alicina evitando comer ajo crudo, está la ciencia y los procesos de conservación. A eso es a lo que me he dedicado estos últimos veinte años. Primero hubo que medir bien el contenido en alicina (cosa que no es fácil), luego extraerla y concentrarla al máximo. Y por último, estabilizarla porque en caso contrario se degradará. En nuestra patente conservamos la alicina mediante liofilización, con lo que mantiene su concentración más de cuatro años. Estos ya si son números para poner como fecha de caducidad en un producto comercial.

Alycin SP1 y CV1
Alycin DM1

Los complementos con alicina.

Para responder a la pregunta sobre cómo comer alicina estable tenemos dos opciones. Se puede comer ajo crudo o cápsulas en las cuales la alicina exista realmente, como consecuencia de un proceso de conservación. En cuanto al crudo yo soy partidario del morado, porque aunque es un poco más caro tiene mucha más alicina, con lo que compensa. En cuanto a las cápsulas, las únicas del mercado que tienen alicina fueron desarrolladas en nuestros laboratorios y protegidas mediante una patente. El extracto liofilizado se llama Alibén® y la patente la explota una empresa que comercializa la alicina en tres productos CV1, DM1 y SP1. Su nombre es Alycin (web).

Cualquiera de las dos opciones es válida. Mi abuela siempre dijo que lo barato sale caro. Mi abuela siempre tuvo razón.

Flor de Ajo

Si quieres alguna información adicional la puedes encontrar aquí:

Compementos nutriciones: Alycin DM1

Cuba os sabe de memoria (la historia NO os absolverá)

Parafraseando al gran Nicolás Guillén en su poema al Comandante Guevara: Cuba os sabe de memoria. Me es difícil opinar objetivamente porque no me considero del todo extranjero en aquella tierra. Uno se ceba hablando de sus afectos y Cuba me duele, porque es más que amistad o simpatía: es sangre, familia. Por eso seré subjetivo, espero que me perdonéis.

Es muy complejo describir la historia reciente de Cuba desde el año 1955. Siempre dije que sería injusto hacer ese resumen en una frase en la que la foto actual pesara tanto en nuestro juicio. Lo voy a hacer: en el 55 una revolución acaba con un dictador para que el líder de ese movimiento hoy día ocupe su lugar ejerciendo otra dictadura. Parece simple, te quito y me pongo yo. El problema, lo injusto, es lo que sucede entre esos dos momentos tan diferentes. Lo triste son los conceptos que se corrompen, son las personas, los que sufren. Los de siempre. Los héroes abandonados, traicionados por sus dirigentes y por ser fieles a sus ideas.

Cuando un pueblo enérgico y viril llora…Fidel Castro

El problema es que el pueblo que derrota a Batista hace siete décadas es un pueblo soñador. Se alfabetiza a una sociedad, se consigue una sanidad pública del primer mundo. Se crea progreso como no lo había siquiera aquí en ese momento. Las flores de la revolución son hermosas, pero efímeras. La gente parecía feliz. Los hombres bebían ron compartiendo botellas y fumaban largos cigarros que dejaban un rastro de humo azulado. Olía a mar, a humedad, a sol. El sonido de los pasos tenía ritmo de son. En aquella época si tenías un problema, cualquier persona que pasaba por la calle arrimaba el hombro para ayudarte como si le fuera la vida en ello. En aquellos tiempos el destino de una nación parecía regido por el corazón de las personas. Los hombres eran invencibles. Vivían el presente y tenían la certeza de que estaban cambiando el mundo.

En aquella época palabras como “propiedad” o “delito” tenían un significado diferente al que estamos habituados. Propiedad significaba presente, era uso, era necesidad responsable. Delito era no compartir un trago de ron con un compañero o no poner un plato más de arroz con frijoles a la mesa cuando se presentaba alguien en casa. Esos hombres abrían su corazón a cualquier desconocido porque no tenían miedo de opinar. De rebatir, hasta de abroncar a los policías con sólidos argumentos, como ahora. De mirar a los ojos y hablar alto incluso a los poderosos. Incluso a los Dioses. En aquella vida no era raro encontrar un revólver debajo de tu almohada, o un machete al lado de la palanca de cambios del coche. Aquellos seres eran simples como niños, puros en sus defectos y virtudes. Preferían los fusiles a las medicinas, las rosas a los fusiles, y los sueños a las rosas. Aquellos hombres se llamaban “asere” entre sí y mataban a los delatores y a los cobardes.

Acto de repudio a una activista por parte de la policía cubana

Pero ese tiempo ya no existe. Se perdió, y no fue culpa de las personas, que siguieron al pie del cañón, creyendo en los dirigentes. Esos que asumen el comunismo en 1965 (en contra de la opinión del Che) y comienzan a hacer experimentos económicos en la isla para la Unión Soviética. La economía revienta, cae el telón de acero y Cuba es abandonada a su suerte.

Habana vieja. Actualidad.

Comienza una travesía hacia la miseria en la que las personas ahora van a caminar al trabajo hasta que se desgastan las suelas de los zapatos, porque es lo que les dicen. Cada vez hay menos comida en el racionamiento. Aguantan un hipotético bloqueo de productos que se pueden comprar en dólares en el mercado negro, para los que curiosamente ya no hay bloqueo. Si pensasen mal sospecharían de que alguien se está enriqueciendo a su costa, pero eso es imposible entre compañeros.  

Los CDR colocan a un chivato en cada esquina. Fidel se entera de un nuevo chiste sobre él una hora después de que se invente. Desaparece la carne y surge el picadillo fosforado, las croquetas de ave(rigua), la masa cannica. Simultáneamente los dirigentes empiezan a engordar.

Todos cobran casi lo mismo, el problema es que esa cantidad es metafórica. Los neurocirujanos van al trabajo con las manos manchadas de la grasa de la cadena de la bicicleta china, porque los carros son para los altos cargos del partido. Todo el mundo quiere trabajar en el turismo porque las propinas son en dólares. La gente tiene que resolver. Doble mercado y doble moral. Madres intentan convencer a sus hijas de meterse a jineteras en vez de ir a la universidad. En los baños de las residencias universitarias los alumnos se limpian con libros caros gratuitos porque no hay papel higiénico. Catedráticos son felices porque sus hijas tocan el bongo en vez de estudiar. Todo esto no me lo han contado. Ya se sabe que el sistema está podrido. Las barrigas de los dirigentes engordan escandalosamente, queridos amiguitos, papaítos y abuelitos.

Habana vieja en la actualidad

La gente sigue sufriendo y aguantando la lenta agonía. Los versos de Martí han cambiado: “Viví en la bestia, y cómo se extraña…” Dos décadas llevo sin viajar allá, pero imaginaros el fin de esta historia hasta la foto actual. Hijos de dictadores con yates o aviones particulares. Qué tristeza, la mejor gente con los peores dirigentes. Que la burguesía roja, como se dice allá, es la peor, porque no debería existir por su contrasentido. Porque es un oxímoron que acaba convirtiéndose en un pleonasmo.

Me avergüenza la falta de atención que os estamos dando, la tibieza de nuestros dirigentes y medios. En otro tiempo hubiéramos organizado unas brigadas internacionales, pero ahora solo somos un puñado que cobardes mirando al suelo y esperando que la ola no nos llegue a nosotros. Los cubanos lo hicisteis y lo volveríais a hacer. Pero confío en vosotros, hermanos, porque sabemos que cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla. Tenéis tanta hambre que os habéis comido vuestro temor. Y de vosotros aprendí que solo es libre el hombre que ya no tiene miedo.

Baches asesinos y otras formas de exterminio

Hace unos días fui testigo de la caída de un matrimonio de señores mayores. Paseaban por el parque Gasset de Ciudad Real y cruzaban correctamente el paso a través del carril bici para acceder al paseo principal, justo enfrente del restaurante La Pérgola, que es a donde iba con unos amigos. Allí estaba la trampa.

La señora cayó casi a plomo, de improviso, y dio con la cabeza en el suelo. El marido, de la mano, fue arrastrado y cayó encima de ella. Acudimos enseguida a socorrerlos. Junto a un amigo levantamos al señor, pero la señora estaba en el suelo con sangre en la cara. Un hilo rojo manchaba su mascarilla. Se había llevado un golpe fuerte, tenía un corte en el párpado superior. La señora se asusta un poco cuando se da cuenta que tiene sangre en la cara, pero mi amiga la tranquiliza y le ponemos un clínex. Le dice que tiene unos ojos verdes preciosos. Es verdad.

Esos ojos me generan una enorme ternura al darme cuenta de la mezcla de sensaciones por las que atraviesan. Tristeza, indefensión, sorpresa, certidumbre de lo breve que es todo y de que todo cambia en un instante. La mujer se va recomponiendo un poco y valoramos llamar al 112, hasta que nos percatamos de que el corte ha sido posiblemente con las gafas, que no se ha dado con el suelo directamente. El marido dice que se cae mucho porque no ve bien, pero no tiene que excusarla. En absoluto.

Trinchera de la primera guerra mundial. Tamaño promedio de los boquetes en el adoquinado de Ciudad Real. (MilitaryModels.com)

Cuando miramos a la causa del tropiezo comprobamos que no es cuestión de ver. Hay una trampa mortal en la zona de paso. Una baldosa levantada media cuarta delante de un agujero. Por la profundidad del desnivel total aprobaría el examen para ser una trinchera de las de la primera guerra mundial. Sale un chico del restaurante y le da un vaso de agua. Nos dice que han avisado varias veces al ayuntamiento porque ya se han caído varias personas. Me encabrono. Copón.

Mecanismo para reducción del gasto en pensiones. Parque Gasset de Ciudad Real

La señora se rehace. La vamos a levantar en vilo, pero nos convence para ponerse de pie como le han enseñado en las clases de pilates. Cruza una pierna por encima de la otra con la rodilla doblada, gira la cadera y el mismo movimiento tira del hombro y ya está sentada. Se apoya y se pone a cuatro patas. Ahora si la ayudamos a incorporarse. Dice que es una pena lo de la vejez. Yo le digo -es cierto-, que se incorpora con más agilidad que yo y que en mi caso posiblemente me hubiera matado con la baldosa. No es culpa suya, si no de los que no arreglan la baldosa.

Me fijo en detalle y compruebo que, como diría José Luis Sampedro en La Sonrisa Etrusca, son unos señores viejos, no unos viejos a secas. Es importante el matiz. Ella viste elegante. Canon de estilo de los tiempos gloriosos, similar al de Lauren Bacall en El Gran Sueño. Pensad sin prejuicios y ahora intentad mejorarlo.  Nos dice que tiene 84 años. Viste conjuntada y con zapatos abiertos de un poco de tacón. Estables pero elegantes. Eso, cuando importaba, creo que se llamaba clase.

Regresamos cada uno a nuestro olivo tras comprobar que se encuentra bien y que camina bien equilibrada apoyada en su marido. 53 años de casados y trece de novios, nos dice orgullosa. Sonreímos y por despedida mi amigo le dice al marido que no se tire encima de ella en sitios públicos, que los van a multar.

Mi amiga comenta lo maja que es la gente de Ciudad Real, en un momento estábamos un grupo de gente ayudando, pero sin agobiar. Yo echo cuentas de la edad y caigo en la cuenta de que nació en mitad de la guerra civil. Pienso en la expresión de sus ojos y no dejo de encabronarme. Porque todos somos un poco responsables de ese puto bache, que por supuesto que sigue ahí mientras lees esto.

Cruzando las líneas como borregos (Foto: Trond J. Hansen).

Porque siempre he dicho que hay prioridades en la vida. Líneas rojas. Que da igual que este todo sucio, lleno de mierda. Que cuando lleguen los montones de papeles o las colillas a la altura de los ojos los apartamos un poco y sanseacabó. Pero que lo que no mató la guerra civil o el hambre, ni el covid, lo estén haciendo las putas trampas no es justo. No para con esa gente, a la que le debemos todo. Si no hubiese sido por sus miserias hoy estábamos en taparrabos, y quizás llevemos ese camino cuando ya no estén visto lo visto. Id mirando modelito que vienen curvas. Que lo único que nos diferencia de los animales (y quizás es un mal ejemplo) es la empatía que tenemos como especie. Y si hemos llegado a un nivel en el que multimillonarios pueden pasear por el espacio oyendo a Camela a todo lo que dan los altavoces, pero nuestros abuelos no pueden salir a dar una vueltecita después del confinamiento, siempre obedientes, porque parece que hemos bombardeado los paseos aposta, es para cerrar el chiringuito. Que parece que nos molesta su ejemplo, el de currar por el mañana. A ver si fenecen todos (alguien apunta dejar de darles prestaciones a partir de los 70 para dar oportunidades a los jóvenes). Como decía el hijo de mi amigo Luis cuando se enfrentaba a las enfermeras con tres años: MecagoenDOOOOOO.

Calle Alarcos de Ciudad Real, teóricamente de las mejores zonas de la capital. Foto del suelo al azar.

Seguid así que esto va a ser un puto botellón, todos felices. Aceras sin ortodoncia, chicles sembrados como disparos de ametralladora por doquier. Más colillas que granos de polen. Grasa, mierda y tierra de varias décadas en calles peatonales estrenadas hace pocos meses, como la calle Feria. Fiestas, que salimos más fuertes, que no hay virus, que los viejos no lo merecen y porque yo lo valgo. Pan y circo mientras caen como moscas. Viva la solución final: mundo botellón, mientras la orquesta del Titanic sigue tocando “y tu pueblo cantará pandorga”.

Nuestro mejor futuro

La semana pasada tuve ocasión de participar como jurado de unos vídeos de divulgación científica dentro del Simposio Ciencia Joven, que organiza la Facultad de Ciencias y Tecnologías Químicas de Ciudad Real. En concreto, los videos pretendían mostrar durante tres minutos la labor que se realiza en Trabajos Fin de Grado, Trabajos Fin de Máster y en Doctorado. No se consideraba en este caso el contenido científico de los resultados, eso ya tiene otra valoración con premio incluido. Lo que se reconoce es la calidad a la hora de la divulgación, la originalidad (no exenta de rigor ni de resultados), la capacidad de enganchar, de llamar la atención como paso previo a esa misteriosa cosa que es la difusión de los resultados. Pero destinado a la sociedad real, no a cuatro casposos que leen revistas elitistas cuyo contenido poco o nada trasciende al pagano de a pie. Esas revistas que sirven para establecer el ranking también docente y que se supone que jamás están dominadas por lobbies equivalentes en ciencia a los de los negocios o la política. En absoluto, juas, juas.

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Pues participar como jurado me ha permitido reconciliarme con el género humano. He tenido ocasión de conocer gran parte de las líneas de investigación que desarrollamos en la facultad. Son fascinantes, estudios aplicados, no teóricos. Soluciones viables a problemas medioambientales, para eliminar residuos o aprovechar subproductos. Para darles uso combatiendo enfermedades como el cáncer o desarrollando nuevos materiales que permitirán desarrollar mejores fármacos o que los robots similares a los humanos sean una realidad. El futuro que soñamos y la labor lógica a la que destinar los dineros que todos hemos exigido en los tiempos de covid, ¿verdad? Pero eso no es nada. Lo auténticamente importante es la pasión con la que la gente hace y habla de su trabajo. Estos eslabones de la cadena de conocimiento y del desarrollo de la ciencia, los más nuevos, son los mejores. Los más altruistas, los más desinteresados, los más solidarios y los más comprometidos con lo que se hace para mejorar el mundo. Me descubro.

Con un par, amigos. Pero, además, está la labor de difusión a la que aludía. La mayor parte de esos 44 vídeos son impresionantes, y no hablo como profesor. Hablo como espectador, como masa social. Muchos de ellos no es que sean buenos, es que son de lo mejor que he visto en cualquier medio de comunicación.

Te cuentan una historia que conmueve, te enganchan y te dan una solución. Son brillantes. Al mejor nivel de las mejores cosas que ves por la tele. Algo por lo que por supuesto pagarías por ver en una plataforma, la prueba del algodón. Prueba superada con creces. Y con la gran reflexión dolorosa, la comparación con nosotros los viejos, o también llamados investigadores seniors. Las presentaciones no es ya que sean buenas, en que son mejores que cualquiera de las nuestras. Cualquiera de cualquier científico que haya visto en un congreso internacional de prestigio. Eso es bueno, muy bueno. Significa lo que significa. Que hay una generación que viene detrás de nosotros que más que empujar fuerte está arrasando. Que sois mejores que nosotros, que es lo que tiene que ser.

Este es a mi juicio el mayor tesoro que puede tener un país, por eso estoy absolutamente orgulloso de vosotros. Y por eso nuestra es la responsabilidad de apoyaros hasta el final, que es donde viene el problema. Que me fijo en vosotros y miro el otro extremo de la cadena y me pongo a llorar. No es posible que este enorme talento se desperdicie por falta de medios. Por poner un ejemplo, seguimos valorando las vacunas frente al COVID cuando tenemos en España al mejor experto, desarrollador de las dos vacunas previas en el 2002 y 2012 para los SARS I y II (la famosa Gripe Aviar va en el cajón), con un mísero presupuesto de cuatro millones de euros, que hace que la mejor vacuna no haya estado a punto a tiempo. Y no es culpa de él, que trabaja después de jubilado por amor al arte; bastante tiene con buscar fondos para su equipo. Es que compite con monstruos que dedican miles de millones. Pero es que somos mejores que ellos, y eso es lo que duele. Que no tengamos algo más de recursos. Posiciones estables, tranquilidad, algo de tranquilidad. Conciliación de la vida laboral y familiar. O por lo menos respeto y algo de consideración por la sociedad, que os aseguro que esto es un sacerdocio, algo vocacional de gente muy especial. De gente que no se rinde. Que cuando se marcha de España, os lo aseguro, es porque ya no puede más con su hambre. Y se marchan reclamados a los mejores sitios, pero con la cara mirando a este país y los ojos llenos de lágrimas.

Todos tenemos una responsabilidad. Vosotros la de no cambiar nunca, la de nunca rendiros. Nosotros la de exigir que vuestro futuro sea justo, con medios justos. Tanto en lo económico como en lo administrativo y social. A nuestra generación nos toca en el ámbito científico exigir y pasar miserias para que vosotros os podáis ubicar en el lugar que os corresponde. Del mismo modo que nuestros abuelos nos colocaron del tercer al primer mundo hace poco. Y os aseguro que es difícil, pero quiero pensar que tenemos que reclamar a punta de navaja si hace falta lo que consideramos imprescindible para vuestro futuro. A quien corresponda y de la forma que sea, porque ya no podemos desperdiciar una generación más. Debemos reclamar la importancia de lo que es la ciencia para salvar el futuro. Y si eso implica menos fútbol o menos dinero para estupideces, a lo mejor tenemos de enfrentarnos al mismísimo demonio. Habrá que hacerlo, nuestros abuelos así lo hicieron y vosotros os lo merecéis.

Moriremos esclavos (que treinta mil muertos no es nada)

Querido nieto, te escribo no sé si desde el más allá o desde dónde, estas cosas extrañas de morirse pero no ser olvidado. La cuestión es que vengo a darte una bofetada sobre lo que veo a través de un agujero, puede que el de tus propios ojos.

Sabes que pertenecí a una generación de hoy calificaríais de miserable y de tercermundista. Tuve trece hermanos, pero sobrevivimos solo cuatro debido al hambre y a una epidemia como la de ahora. Sabes que hablaba poco de la guerra. Como casi todos los que la vivimos, legué un único mensaje al respecto: “nunca permitas que se vuelva a repetir…” A lo largo de tu vida has indagado el contenido de alguno de mis silencios. Como el relativo al hecho de que por ser conductor, los milicianos me obligaron a punta de fusil a recoger a paisanos en mi coche para darles el paseíllo. “Despídete de mi madre, dale el reloj a mi mujer antes de que me lo quiten. Dile a mi mujer y a mis hijos que los quiero…” Duras despedidas de conocidos y amigos. Por eso me quité de en medio alistándome voluntario en Madrid. Me quedé sordo de arrancar aviones empujando las hélices a mano. Para aviadores rusos que estaban todo el día comiendo y bebiendo. No supieron ganar la guerra.

Avión republicano

Luego me deslomé trabajando para que tuvierais un presente del que estar orgullosos. Pasamos del tercer mundo al primero a costa de mi juventud. Pero todo era poco para vosotros. Ganamos, literalmente, cada derecho con sangre. Al asalto, a punta de bayoneta o de azadón.

Veo con tus ojos el panorama que se despliega ante ti y me embarga la tristeza. Estáis desperdiciando a manos llenas todo lo que fuimos acumulando, robado migaja a migaja a nuestra hambre. No habéis aprendido nada. No queréis recordar. Creía que estaba claro, pero te voy a decir el gran secreto: que todo es mentira, que os tienen engañados enfrentándoos entre derechas e izquierdas, entre religiones, patrias o sexos. Todo es una engañifa para manteneros entretenidos mientras los dirigentes roban sin contemplaciones. Siempre, desde siempre. Es mucho más simple. Se trata de lobos contra corderos, de ladrones frente a trabajadores, de hijos de puta frente a buenas personas. Ellos se ríen de ti, se pelean con saña en los discursos pactados, pero luego se van de mariscadas y se abrazan, todos amigos mientras crecen sus cuentas y sus asquerosas barrigas a cambio del futuro de tus hijos. Todo pagao. Barra libre.

La razón de que hoy descansemos

A veces te has preguntado, lo he leído según lo escribías, si mi generación hubiera aguantado esto. Hasta dónde hubiéramos permitido el saqueo de tu tiempo los hombres miserables como yo. Los de las manos callosas de uñas negras que escarbaban la tierra con ansia cuando las bestias ya se habían reventado. Para sembrarte un futuro. El que te han ido robando, unos y otros, los mismos, durante décadas.

Tu panorama es desolador. Y pasa lo que pasa cuando los que toman decisiones no han trabajado en su vida. La gente muere y el dinero se esfuma. Treinta mil muertos más aparecen reconocidos ahora en las estadísticas como por arte de magia, sin que a ningún dirigente le importe como para haber hecho siquiera una visita. Muertos como perros, los últimos que quedaban de mi propia generación. Un gran pago por nuestros servicios. Os da igual que os mientan. Habéis elegido a los más tontos, a los más mentirosos, a los más ladrones desde hace décadas para dirigiros. Los lobos cuidan el gallinero. Ninis de mierda que jamás han currado aunque lo digan sus becas o sus títulos. Hijos de papá que estudian en colegios elitistas o disfrutan de la sanidad privada, de las PCR’s y de los viajes y fiestas prohibidos a los que tú no tienes derecho. Mienten en los estudios, en las estadísticas, en las noticias: todo es posible si robas lo suficiente para pagarlo. Entran y salen de presidentes, ruedan las puertas giratorias, se sientan en los nuevos sillones de cuero como directivos, los chiringuitos trincan dinero y todo sigue igual. La única verdad prevalece: siempre nos están jodiendo a los mismos.

Listas cerradas e información sesgada

Vuestra realidad parece un juego de realidad virtual de moda para megapijos del siglo XXX, que consiste en hacer cambios en el pasado para joder a las pobres personas del siglo XXI. Y han llegado a los últimos niveles del juego. Es impresionante, con todas las putadas que nos están haciendo y continuamos sin reventar; asombrados están.

El problema es que estáis regalando los derechos conquistados al asalto por mi generación. Sin plantar batalla. Os están robando el dinero que habéis pagado de antemano para vuestra jubilación y ya vais asumiendo blandamente que no tendréis dinero cuando os toque. El dinero está, buscad en el bolsillo adecuado. Es vuestro derecho. Y lo peor de todo: el tiempo. La diferencia con los animales es que después de mucho tiempo de deslomarnos, conseguimos el derecho a un retiro con cierta dignidad. Para poder disfrutar de algunos años de descanso. Pues en esos años de tu futuro, los mejores que te queden, te van a obligar a trabajar también para que les salgan sus cuentas. Pero es que sus cuentas no tienen fondo. Aplaudidos hasta con las orejas por patronal, sindicatos, medios de comunicación y los directivos del IBEX35. ¿Te das cuenta de a dónde va a ir ese dinero antes de que desaparezca, verdad?

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Despierta, tonto de los cojones. Sigue así, que vas a morir esclavo. Te preguntas por lo que hubiera hecho mi generación, la que mataba a los chivatos y a los cobardes. Creo que lo tienes claro. De las pocas cosas mías que conservas tienes guardada una hocinilla de hoja ancha y afilada, con un recio cordón de soldadura. Tú solo has encontrado la respuesta, el problema es que sois una generación de cobardes. Pero no te preocupes, es una cuestión de que alguien de los miserables alce una voz para que todos nos demos cuenta de que el emperador estaba desnudo, como en el cuento. Que una legión de hombres justos con hoces y antorchas siempre vence, porque no tiene nada que perder. Porque ellos son más cobardes que vosotros, te lo aseguro. Lo sabes perfectamente. Haz lo que tengas que hacer y punto.

Se despide de ti, este que lo es. Tu abuelo Ignacio.

El gen del ñu loco

Muchos lo habéis visto. Es un documental de la 2 en el que un gigantesco rebaño de decenas de miles de ñus se queda parado frente a un río cenagoso infestado de cocodrilos. La cautela hace que ninguno se aventure a cruzar, no saben cuánta profundidad tiene, el número de cocodrilos u otros peligros que se concentrarán sobre el primero que lo intente. La masa de animales se acumula en torno a la orilla y el pánico cunde entre los primeros, que no pueden retroceder y son empujados desde atrás. Los cocodrilos miran, expectantes. El tiempo pasa, si el rebaño no cruza perecerá. Y de repente, viene desde atrás un ñu un poco más delgado que los machos alfa, los líderes de la manada, con los ojos inyectados en sangre. Repite la parada en torno al borde del río, pero solamente para tomar impulso y deslizarse sin pensarlo por la pendiente que conduce al agua y seguir avanzando dentro de ella. Entonces, como si alguien hubiera cortado una cadena invisible que los retenía, una marea de animales se introduce frenéticamente en el agua siguiendo al primero. La violencia, el número de la manada, hace disuadir a los depredadores de atacar a las presas, y sólo pueden capturar algunas piezas que se han ahogado por enfermas o exhaustas. Una vez más el rebaño ha sobrevivido porque uno de sus miembros estaba preparado genéticamente para hacer sin dudar algo que el 100% considera una locura (video).

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En resumen, las especies tienen a ciertos elementos preparados para hacer determinadas cosas impensables, aparentemente ilógicas, en el momento de la verdad. El problema es que estos elementos habitualmente desentonan dentro del rebaño. Suelen causar recelo o rechazo. Si la manada es de humanos suelen ser personas solitarias que se consideran parias de la sociedad. A veces ahogan en alcohol el hecho de que no puedan desarrollar su cometido en un blando rebaño de cobardes. Son morralla, pero cuando las cosas se tuercen siempre acaban en primera línea dando la cara. Curiosamente.

Por suerte o casualidad este raro gen está especialmente presente en los desgraciados habitantes de un país con forma de piel de toro. Como el caso en 1547 de un pobre soldado de los tercios que se llamaba Cristóbal Mondragón, de padres vascos. El emperador Carlos V va a cruzar con su ejército el río Elba por el paso de Mühlberg. Una avanzada del Duque de Alba descubre que los enemigos en retirada han quemado el puente improvisado de barcazas y se han hecho fuertes en la otra orilla. Le han cortado el camino al Emperador que está a punto de llegar, algo inadmisible. Alba está nervioso, los de enfrente se defienden con arcabuces, el paso está cortado. Ahí es donde Cristóbal, con ojos inyectados en sangre y blasfemando –creo que les sonará el gesto- se tira él solo al río con la espada entre los dientes y nada hacia la otra orilla intentado esquivar los disparos de arcabuz. Su capitán y otros nueve compañeros lo secundan –por vergüenza de dejarlo solo más que por valentía- y se plantan enfrente en un momento, con la mala leche acumulada que pueden imaginar. Mala leche que provoca (evito el relato de las muchas cuchilladas intermedias) la retirada de los enemigos y que el puente estuviera en su sitio y en estado de revista, como si no hubiera pasado nada, para cuando llegó don Carlos.

(Carlos I en la batalla de Mühlberg pintado por Tiziano. Fuente: ABC)

Casi quinientos años después tuve ocasión de ser testigo de otro gesto parecido sólo a 700 km de ese lugar. Disfrutaba con unos amigos de unas vacaciones en un barquito alquilado para navegar por los canales holandeses, la mejor forma de comunicación de ese país. En un paso determinado nos encontramos que uno de los puentes está bloqueado por una enorme isleta flotante de vegetación. Un paisano se mofa con sorna de que una planta ha conseguido parar a los temibles españoles del Duque de Alba. Intentamos regresar, pero después de calcular que tenemos que dar un enorme rodeo nos volvemos a enfrentar al matojo maldito. Comprobamos que está atascado en el agujero del puente, pero lo mueve un poco la corriente. El simpático paisano, para el que somos un espectáculo, nos dice que hay que avisar a la policía y los bomberos y que liberarán el paso cuando vengan al día siguiente. O el otro. No tenemos ese tiempo y no sé si habla en serio. Igual empujando con la embarcación se desplaza, o igual hundimos el barco.

Y he aquí que mi amigo Juan Manuel, el mejor pastelero de la mancha, salta del barco y se sube al puente. Baja a la orilla e intenta separar el islote tirando de las cañas. Se mueve un poco, pero la corriente, en contra, lo devuelve enseguida a su sitio. No ceja en el empeño. Su ánimo y ardor guerrero inflama a un grupo de chicos que se deciden a ayudarlo. En un momento veo a veinte personas intentando liberar a pulmón el maldito obstáculo. Un barco grande llega al otro lado y se da la vuelta. Mi amigo, con los ojos encarnados está a punto de tirarse al agua y empujar al jodido matojo, cuando aparece por la otra parte un ruso gordísimo con una fuera borda que se percata de la situación y se pone de nuestro lado, no sé si por simpatía o por impresionar a la perica de alquiler que lleva al lado. El caso es que toma carrerilla y estampa su lancha a toda velocidad, venciendo la resistencia del islote en el último momento y liberando el puente, aunque ha estado a punto de volcar. Más de treinta personas estallan de júbilo, y el paisano de enfrente traga saliva y nos mira con cara de miedo viendo la que hemos armado. Sí, somos españoles. De los del Duque de Alba, Copón. Saludamos a todos, los chicos se sienten importantes por la heroicidad. Al paisano, que sigue contemplándolo todo incrédulo, le dedicamos unos insultos cariñosos. “Españoles, sí, sí. Españoles. De Ciudad Real, sí, sí. Si te estás enterando jodío…”, -espeta mi amigo, y de verdad se entera a juzgar por su expresión- No está mal para unos viejales. Lo último que ve de nuestro barco cuando se aleja es una gran bandera pirata a popa.

Y el último ejemplo, muy reciente. El hijo de mis amigos Luis y Nuria, que se tiene que someter a una segunda cirugía severa con menos de tres años de edad. Conocedor por desgracia de lo que le iban a hacer, en vez de llorar, como haría cualquiera en su situación –incluidos muchos de los adultos- se enfrenta a las enfermeras. Y cuando se ve reducido, sin hablar todavía bien, las insulta con su media lengua, blasfemando lo poco que ha podido aprender escuchando de los mayores: “CagüenDOOOOO, Cagüendooooo…” Sin rendirse en ningún momento. Con un par. Meses después, cuando le preguntas si le han hecho pupa, te enseña todo chulo el brazo donde le ponían la vía sin prestar atención al enorme costurón que tiene en la espalda. Por suerte el rebaño tiene elementos que le permitirán sobrevivir en el futuro. Imagínenselo de grande cruzando un río helado con un ejército detrás; o mejor, de presidente de esta triste manada. Otro gallo nos cantaría si hubiésemos tenido un solo gobernante con la mitad de sus agallejas a lo largo de nuestra desgraciada historia.

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