Moriremos esclavos (que treinta mil muertos no es nada)

Querido nieto, te escribo no sé si desde el más allá o desde dónde, estas cosas extrañas de morirse pero no ser olvidado. La cuestión es que vengo a darte una bofetada sobre lo que veo a través de un agujero, puede que el de tus propios ojos.

Sabes que pertenecí a una generación de hoy calificaríais de miserable y de tercermundista. Tuve trece hermanos, pero sobrevivimos solo cuatro debido al hambre y a una epidemia como la de ahora. Sabes que hablaba poco de la guerra. Como casi todos los que la vivimos, legué un único mensaje al respecto: “nunca permitas que se vuelva a repetir…” A lo largo de tu vida has indagado el contenido de alguno de mis silencios. Como el relativo al hecho de que por ser conductor, los milicianos me obligaron a punta de fusil a recoger a paisanos en mi coche para darles el paseíllo. “Despídete de mi madre, dale el reloj a mi mujer antes de que me lo quiten. Dile a mi mujer y a mis hijos que los quiero…” Duras despedidas de conocidos y amigos. Por eso me quité de en medio alistándome voluntario en Madrid. Me quedé sordo de arrancar aviones empujando las hélices a mano. Para aviadores rusos que estaban todo el día comiendo y bebiendo. No supieron ganar la guerra.

Avión republicano

Luego me deslomé trabajando para que tuvierais un presente del que estar orgullosos. Pasamos del tercer mundo al primero a costa de mi juventud. Pero todo era poco para vosotros. Ganamos, literalmente, cada derecho con sangre. Al asalto, a punta de bayoneta o de azadón.

Veo con tus ojos el panorama que se despliega ante ti y me embarga la tristeza. Estáis desperdiciando a manos llenas todo lo que fuimos acumulando, robado migaja a migaja a nuestra hambre. No habéis aprendido nada. No queréis recordar. Creía que estaba claro, pero te voy a decir el gran secreto: que todo es mentira, que os tienen engañados enfrentándoos entre derechas e izquierdas, entre religiones, patrias o sexos. Todo es una engañifa para manteneros entretenidos mientras los dirigentes roban sin contemplaciones. Siempre, desde siempre. Es mucho más simple. Se trata de lobos contra corderos, de ladrones frente a trabajadores, de hijos de puta frente a buenas personas. Ellos se ríen de ti, se pelean con saña en los discursos pactados, pero luego se van de mariscadas y se abrazan, todos amigos mientras crecen sus cuentas y sus asquerosas barrigas a cambio del futuro de tus hijos. Todo pagao. Barra libre.

La razón de que hoy descansemos

A veces te has preguntado, lo he leído según lo escribías, si mi generación hubiera aguantado esto. Hasta dónde hubiéramos permitido el saqueo de tu tiempo los hombres miserables como yo. Los de las manos callosas de uñas negras que escarbaban la tierra con ansia cuando las bestias ya se habían reventado. Para sembrarte un futuro. El que te han ido robando, unos y otros, los mismos, durante décadas.

Tu panorama es desolador. Y pasa lo que pasa cuando los que toman decisiones no han trabajado en su vida. La gente muere y el dinero se esfuma. Treinta mil muertos más aparecen reconocidos ahora en las estadísticas como por arte de magia, sin que a ningún dirigente le importe como para haber hecho siquiera una visita. Muertos como perros, los últimos que quedaban de mi propia generación. Un gran pago por nuestros servicios. Os da igual que os mientan. Habéis elegido a los más tontos, a los más mentirosos, a los más ladrones desde hace décadas para dirigiros. Los lobos cuidan el gallinero. Ninis de mierda que jamás han currado aunque lo digan sus becas o sus títulos. Hijos de papá que estudian en colegios elitistas o disfrutan de la sanidad privada, de las PCR’s y de los viajes y fiestas prohibidos a los que tú no tienes derecho. Mienten en los estudios, en las estadísticas, en las noticias: todo es posible si robas lo suficiente para pagarlo. Entran y salen de presidentes, ruedan las puertas giratorias, se sientan en los nuevos sillones de cuero como directivos, los chiringuitos trincan dinero y todo sigue igual. La única verdad prevalece: siempre nos están jodiendo a los mismos.

Listas cerradas e información sesgada

Vuestra realidad parece un juego de realidad virtual de moda para megapijos del siglo XXX, que consiste en hacer cambios en el pasado para joder a las pobres personas del siglo XXI. Y han llegado a los últimos niveles del juego. Es impresionante, con todas las putadas que nos están haciendo y continuamos sin reventar; asombrados están.

El problema es que estáis regalando los derechos conquistados al asalto por mi generación. Sin plantar batalla. Os están robando el dinero que habéis pagado de antemano para vuestra jubilación y ya vais asumiendo blandamente que no tendréis dinero cuando os toque. El dinero está, buscad en el bolsillo adecuado. Es vuestro derecho. Y lo peor de todo: el tiempo. La diferencia con los animales es que después de mucho tiempo de deslomarnos, conseguimos el derecho a un retiro con cierta dignidad. Para poder disfrutar de algunos años de descanso. Pues en esos años de tu futuro, los mejores que te queden, te van a obligar a trabajar también para que les salgan sus cuentas. Pero es que sus cuentas no tienen fondo. Aplaudidos hasta con las orejas por patronal, sindicatos, medios de comunicación y los directivos del IBEX35. ¿Te das cuenta de a dónde va a ir ese dinero antes de que desaparezca, verdad?

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Despierta, tonto de los cojones. Sigue así, que vas a morir esclavo. Te preguntas por lo que hubiera hecho mi generación, la que mataba a los chivatos y a los cobardes. Creo que lo tienes claro. De las pocas cosas mías que conservas tienes guardada una hocinilla de hoja ancha y afilada, con un recio cordón de soldadura. Tú solo has encontrado la respuesta, el problema es que sois una generación de cobardes. Pero no te preocupes, es una cuestión de que alguien de los miserables alce una voz para que todos nos demos cuenta de que el emperador estaba desnudo, como en el cuento. Que una legión de hombres justos con hoces y antorchas siempre vence, porque no tiene nada que perder. Porque ellos son más cobardes que vosotros, te lo aseguro. Lo sabes perfectamente. Haz lo que tengas que hacer y punto.

Se despide de ti, este que lo es. Tu abuelo Ignacio.

El gen del ñu loco

Muchos lo habéis visto. Es un documental de la 2 en el que un gigantesco rebaño de decenas de miles de ñus se queda parado frente a un río cenagoso infestado de cocodrilos. La cautela hace que ninguno se aventure a cruzar, no saben cuánta profundidad tiene, el número de cocodrilos u otros peligros que se concentrarán sobre el primero que lo intente. La masa de animales se acumula en torno a la orilla y el pánico cunde entre los primeros, que no pueden retroceder y son empujados desde atrás. Los cocodrilos miran, expectantes. El tiempo pasa, si el rebaño no cruza perecerá. Y de repente, viene desde atrás un ñu un poco más delgado que los machos alfa, los líderes de la manada, con los ojos inyectados en sangre. Repite la parada en torno al borde del río, pero solamente para tomar impulso y deslizarse sin pensarlo por la pendiente que conduce al agua y seguir avanzando dentro de ella. Entonces, como si alguien hubiera cortado una cadena invisible que los retenía, una marea de animales se introduce frenéticamente en el agua siguiendo al primero. La violencia, el número de la manada, hace disuadir a los depredadores de atacar a las presas, y sólo pueden capturar algunas piezas que se han ahogado por enfermas o exhaustas. Una vez más el rebaño ha sobrevivido porque uno de sus miembros estaba preparado genéticamente para hacer sin dudar algo que el 100% considera una locura (video).

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En resumen, las especies tienen a ciertos elementos preparados para hacer determinadas cosas impensables, aparentemente ilógicas, en el momento de la verdad. El problema es que estos elementos habitualmente desentonan dentro del rebaño. Suelen causar recelo o rechazo. Si la manada es de humanos suelen ser personas solitarias que se consideran parias de la sociedad. A veces ahogan en alcohol el hecho de que no puedan desarrollar su cometido en un blando rebaño de cobardes. Son morralla, pero cuando las cosas se tuercen siempre acaban en primera línea dando la cara. Curiosamente.

Por suerte o casualidad este raro gen está especialmente presente en los desgraciados habitantes de un país con forma de piel de toro. Como el caso en 1547 de un pobre soldado de los tercios que se llamaba Cristóbal Mondragón, de padres vascos. El emperador Carlos V va a cruzar con su ejército el río Elba por el paso de Mühlberg. Una avanzada del Duque de Alba descubre que los enemigos en retirada han quemado el puente improvisado de barcazas y se han hecho fuertes en la otra orilla. Le han cortado el camino al Emperador que está a punto de llegar, algo inadmisible. Alba está nervioso, los de enfrente se defienden con arcabuces, el paso está cortado. Ahí es donde Cristóbal, con ojos inyectados en sangre y blasfemando –creo que les sonará el gesto- se tira él solo al río con la espada entre los dientes y nada hacia la otra orilla intentado esquivar los disparos de arcabuz. Su capitán y otros nueve compañeros lo secundan –por vergüenza de dejarlo solo más que por valentía- y se plantan enfrente en un momento, con la mala leche acumulada que pueden imaginar. Mala leche que provoca (evito el relato de las muchas cuchilladas intermedias) la retirada de los enemigos y que el puente estuviera en su sitio y en estado de revista, como si no hubiera pasado nada, para cuando llegó don Carlos.

(Carlos I en la batalla de Mühlberg pintado por Tiziano. Fuente: ABC)

Casi quinientos años después tuve ocasión de ser testigo de otro gesto parecido sólo a 700 km de ese lugar. Disfrutaba con unos amigos de unas vacaciones en un barquito alquilado para navegar por los canales holandeses, la mejor forma de comunicación de ese país. En un paso determinado nos encontramos que uno de los puentes está bloqueado por una enorme isleta flotante de vegetación. Un paisano se mofa con sorna de que una planta ha conseguido parar a los temibles españoles del Duque de Alba. Intentamos regresar, pero después de calcular que tenemos que dar un enorme rodeo nos volvemos a enfrentar al matojo maldito. Comprobamos que está atascado en el agujero del puente, pero lo mueve un poco la corriente. El simpático paisano, para el que somos un espectáculo, nos dice que hay que avisar a la policía y los bomberos y que liberarán el paso cuando vengan al día siguiente. O el otro. No tenemos ese tiempo y no sé si habla en serio. Igual empujando con la embarcación se desplaza, o igual hundimos el barco.

Y he aquí que mi amigo Juan Manuel, el mejor pastelero de la mancha, salta del barco y se sube al puente. Baja a la orilla e intenta separar el islote tirando de las cañas. Se mueve un poco, pero la corriente, en contra, lo devuelve enseguida a su sitio. No ceja en el empeño. Su ánimo y ardor guerrero inflama a un grupo de chicos que se deciden a ayudarlo. En un momento veo a veinte personas intentando liberar a pulmón el maldito obstáculo. Un barco grande llega al otro lado y se da la vuelta. Mi amigo, con los ojos encarnados está a punto de tirarse al agua y empujar al jodido matojo, cuando aparece por la otra parte un ruso gordísimo con una fuera borda que se percata de la situación y se pone de nuestro lado, no sé si por simpatía o por impresionar a la perica de alquiler que lleva al lado. El caso es que toma carrerilla y estampa su lancha a toda velocidad, venciendo la resistencia del islote en el último momento y liberando el puente, aunque ha estado a punto de volcar. Más de treinta personas estallan de júbilo, y el paisano de enfrente traga saliva y nos mira con cara de miedo viendo la que hemos armado. Sí, somos españoles. De los del Duque de Alba, Copón. Saludamos a todos, los chicos se sienten importantes por la heroicidad. Al paisano, que sigue contemplándolo todo incrédulo, le dedicamos unos insultos cariñosos. “Españoles, sí, sí. Españoles. De Ciudad Real, sí, sí. Si te estás enterando jodío…”, -espeta mi amigo, y de verdad se entera a juzgar por su expresión- No está mal para unos viejales. Lo último que ve de nuestro barco cuando se aleja es una gran bandera pirata a popa.

Y el último ejemplo, muy reciente. El hijo de mis amigos Luis y Nuria, que se tiene que someter a una segunda cirugía severa con menos de tres años de edad. Conocedor por desgracia de lo que le iban a hacer, en vez de llorar, como haría cualquiera en su situación –incluidos muchos de los adultos- se enfrenta a las enfermeras. Y cuando se ve reducido, sin hablar todavía bien, las insulta con su media lengua, blasfemando lo poco que ha podido aprender escuchando de los mayores: “CagüenDOOOOO, Cagüendooooo…” Sin rendirse en ningún momento. Con un par. Meses después, cuando le preguntas si le han hecho pupa, te enseña todo chulo el brazo donde le ponían la vía sin prestar atención al enorme costurón que tiene en la espalda. Por suerte el rebaño tiene elementos que le permitirán sobrevivir en el futuro. Imagínenselo de grande cruzando un río helado con un ejército detrás; o mejor, de presidente de esta triste manada. Otro gallo nos cantaría si hubiésemos tenido un solo gobernante con la mitad de sus agallejas a lo largo de nuestra desgraciada historia.

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País Manchego

Hace un año os hacía caer en la cuenta del gran negocio que es montar un estado. Ha llegado el momento. Es el prime day de los nacionalismos. Hay que aprovechar ahora que los regalan.

La medida inicial es simple: tres cadenas gordas, una en despeñaperros, otra en Ocaña y otra en Illescas, delimitación natural de los Territorios Históricos Manchegos. Lo de asaltar carruajes trabuco en mano es una singularidad nacional que se pierde en las raíces de nuestra historia, así que creo que no debe ser motivo de quejas para los millones de afectados a partir de ahora.

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En este contexto abriríamos una vía de diálogo con Madrid, dado que nos interesa estratégicamente como cliente preferente la nación vecina. Nuestro modelo de estado implica explotar nuestros grandes recursos para transformarnos en un paraíso fiscal como Luxemburgo, pero a lo bestia. Para ello ofreceremos a las mafias internacionales el gigantesco aeropuerto infrautilizado de Ciudad Real para la entrada de droga en Europa. (O para tráfico de vacunas camufladas en coca). Eso sí, de forma eficiente, justa y sin que se distribuya en nuestra nación. Solo un 40% de comisión y así evitamos las mulas y las mafias que esclavizan a la gente. Todo legal. Me apuntan que quizás podemos reservar del trato con Colombia y Marruecos lo estrictamente necesario para fiestas en embajadas con políticos y ricos de otros países que son muy viciosos, ya lo consideraremos.

Otra medida de presión sería poner un dique en el tajo para ponerle valor al agua, ahora nuestra, en huertas extranjeras chuchurrías. Quizás, quizás, una voladura controlada de Entrepeñas y Buendía sería una imagen que convenga.

Con el ingente dinero recaudado pondríamos 5G hasta en los servicios públicos de las pedanías. O pensándolo mejor, montamos nuestra propia red manchega y pasamos de los yanquis y de los chinos. Lo mejor sería que todo el mundo tendría un salario de 4000€ mensuales por ser manchego, mayor incluso que el que se da en Arabia Saudí. Hay que devolver a los manchegos lo que es de los manchegos, nación expoliada durante siglos. Como mano de obra barata podíamos traer gente de Cataluña, es una idea.

El granero de los otros territorios ricos

Haciendo todo legal y con buena voluntad si vamos como partido y conseguimos entre 5 y 10 diputados, lo tenemos hecho dadas las cuentas de Tezanos. O incluso un par de votos de actuales diputados manchegos ganados para la causa serían suficientes. Lo tenemos hecho y pagado, claro. Y no hablo de presupuestos, hablo de concierto económico. Les damos unos votos para lo suyo y que nos dejen lo nuestro en paz. Sospecho que va a colar, visto lo visto.

En nuestro día a día el control lo hace la propia gente, para que no se aburra. De inspectoras las viejas del visillo. Será una red perfecta. La línea 1 de metro Plaza del Pilar-Plaza de Zocodover, con intercambiador en la estación del AVE. Eso sí, metro alicatado con azulejos de Talavera de los buenos. Doble de anchura y tirada por máquinas de Ave, que se note. Trayecto: Malagón, Fuente el Fresno, Urda, Orgaz, Burguillos y Zocodover. Dos euros ida y vuelta. Esta infraestructura la paga Pedro, porque está en el concierto manchego por nuestros fueros históricos. Es obvio.

Comité de Defensa de la Revolución Manchega

La Universidad será destinada en parte al uso de sus terrenos para sembrar patatas y melones, para que se aprovechen las infraestructuras. Es peligroso que a la gente le dé por pensar cosas raras importadas del extranjero para comprar guarrerías hechas en China.

Lo que va a estar en condiciones es la liga. Los mejores futbolistas del mundo con un régimen especial: tributan al -2%, es decir, se le devuelve el 2% de lo que ganen. Esto lo paga el dinero de la droga, es el mismo saco que en las otras naciones. Sospecho que los vamos a tener a todos, a pesar de lo intenso que sienten los colores de sus equipos actuales. Messi jugaría de suplente en el Calvo Sotelo. Y si nos preguntan por qué, la respuesta es clara: Porque podemos permitírnoslo, nuestra nación siempre ha sido generosa. Y ahora nos vuelves a llamar muertos de hambre, pero vas a ver nuestros partidos por la tele.

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En investigación todo placas solares. A cascoporro. Luz gratis “pa tos” que se satura la red, será por recursos. Seremos los reyes del sol. Si echamos de menos el mar hacemos un canal paralelo al gaseoducto de Puertollano y traemos el agua, ya está hecha media infraestructura. Y si nos da la gana todo por el mismo sitio y traemos agua con gas. Todo se pagará con la moneda de moda: El Cangilón, con una efigie de Plinio. Y en el reverso, Paco Clavel. Homérico.

Quizás estratégicamente deberemos tener previsto controlar las inmigraciones. Vamos, que igual hay que poner un muro porque esta vez Berlín Este serían los demás. Pero es que somos buena gente, acogedora. Pero no idiotas. A lo tonto a lo tonto salen las cuentas…Pensadlo, por lo legal solo necesitamos 5 diputados, es bastante fácil. Por lo indultable, cualquier cosa es válida.

¿A que no hay?

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Otra vez fútbol

Asisto atónito -aunque no sorprendido-, al debate sobre la vacunación de los jugadores de la selección española de fútbol. Muy coherente y muy representativo del estado moral de la sociedad: una mierda, vamos. Disculpad la imagen, pero soy científico y describo lo que veo.

Las razones de que se salten la lista de espera son contundentes: “Es que es la selección” y “representan a España”. Alguno hace un alarde adicional de sinceridad y reconoce que “generan mucho dinero” (a unos pocos solamente, claro), no se vaya a fastidiar el negocio. Estas rotundas afirmaciones no se balancean con los argumentos prácticos de que vacunarlos ahora puede disminuir su rendimiento, o que en el mejor de los casos estarían inmunizados cuando se acabe el campeonato. O que no sea la marca pautada para su edad. No, en eso no se piensa.

Y no digamos ya las razones morales para saltarse la cola: vamos, que son más que nadie. Pues discrepo. Son como todos si acaso, y no lo demuestran. Opino que son unos millonarios consentidos contraejemplo de todos los valores morales que teníamos en la transición. Y, además, no representan a España, sino a su bolsillo y a los intereses de unos poderosos que engatusan a las masas con pan y circo. Chuscos de pan al populacho y gladiadores gratis mientras revienta Roma, es lo de siempre. Porque estos troncos son mercenarios, lo de España es circunstancial. Os recuerdo que en el único mundial que se ganó tributaron allí los pingües beneficios porque les convenía, en lugar de en el país por el que se supone que juegan. Con esos impuestos se hubiera podido construir un hospital full equipe, pero eso les da lo mismo. Es que no son españoles para lo bueno y lo malo, son ciudadanos (mercenarios) del mundo cuando se trata de arrimar la cartera.

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Se emocionan mucho posando para las fotos besando el escudo, echando cuentas del incremento de la cuenta corriente mientras parece que suena de fondo un himno. Muy de fondo, con acordes de caja registradora. Pero cuando ya han cobrado no les pidas cuentas de representar al país, que muchos hablan luego pestes de la puta España, jurando que siempre la habían odiado (mira mi lazo); o alegando desde países donde se lapida a los homosexuales que aquello es mucho más democracia que esto. No os encambronéis, es que son mercenarios y es que la pela es la pela. Ellos son así, coherentes con su bolsillo. Lo que no es coherente es que los consideremos mejores que los demás. Ni que se salten la lista de vacunación e igual alguien muera por ello.

Porque puestos a vacunar a los que representan a España a lo mejor hay que contar entre las prioridades también con los científicos, antes de que emigren por hambre para desarrollar la vacuna en otro país. O a lo mejor gente importante -mucho más importante que el futbol para el día a día-, son los trabajadores de los supermercados. O el personal de limpieza, los conductores de autobús o los farmacéuticos. Los que llevan sobre sus espaldas el peso de que esto funcione. Yo los vacunaría mucho antes que a vosotros, pijitos, atendiendo estrictamente a su función necesaria en la sociedad. O eso, o todos iguales.

Y volviendo a lo de fútbol, esto es para hacérnoslo mirar. Recuerdo hace unos años la gente tranquilita y desocupada tras el cierre de unos astilleros, pero todos en la calle movilizados espontáneamente porque un problema administrativo hizo descender de categoría al Celta de Vigo. Tenemos lo que nos merecemos. Y os recuerdo que todas estas pasiones son por un equipo de nenes sobreprotegidos, que solo han ganado una Eurocopa y un mundial en su historia que a este paso serán los únicos porque no creen en la cultura del esfuerzo. Que entrenan o trabajan dos días a la semana con todo el mundo pivotando alrededor. Que cuando sufren un golpecito lloran desconsoladamente tirados en el césped porque donde la pupita se iban a poner un tatuaje con copyright o va a quedar mal el anuncio donde venden calzoncillos si se ve la tirita.

Terrible accidente (Imagen de la derecha)

Para mí, que practico un deporte en el que la gente se cae y se vuelve a montar en la bici para acabar la etapa, aunque lleve quemaduras en media espalda o una costilla y una muñeca rotas, me endemonia vuestra actitud. Cultura del esfuerzo o del hambre. Gente como el Taranco, que iba a las carreras desde su pueblo en bici, y regresaba además cargando el saco de judías que obtenía como premio. Gregarios como los Manzaneque, a los que se tenía que subir en brazos a la habitación en las pensiones del Tour porque no había ascensor (ni espejo en el baño para no verse la cara demacrada). Hombres de palabra como Ocaña, que para celebrar su reconciliación se beben una botella de ginebra a medias con Eddy Merckx en plena competición: «Yo pensaba: mañana no voy a ganar; pero puta Merckx tampoco. ¿Y sabes quién ganó? Puta Merckx». Compromiso social es repartir salvoconductos escondidos en la bici para salvar a judíos de los campos de concentración, aprovechando los entrenamientos como hacía Bartali, sin que nadie se entere, ni siquiera su familia. “Era lo que había que hacer y punto”. Preocupaos de mirar el palmarés en ciclismo y ahora comparáis victorias (36 entre campeonatos del mundo y oros olímpicos).

Sin tiempo para sangrar (No time for bleeding)
Terreno impracticable para fútbol

Es que lo demás no es fútbol, claro. Los de la flor en el culo. Pero tampoco es fútbol entonces la división femenina, que en las concentraciones de eventos comunes comen diferente comida (peor que los hombres), y ya del salario ni te cuento. Es que ellas no nos representan lo mismo, claro. Ellos sí, muy lógico.

Teníais que ceder vuestra vacuna y vuestro sueldo a alguien que lo necesite de verdad, y reventar al rival después de una tarde de vendimia, cabrones. Muchos miles lo harían gratis y mejor que vosotros. Dejad de contar billetes y decid algo, copón. Bueno, mejor estaos calladitos que será mejor.

Bartali, la leyenda. “Hice lo que había que hacer y punto”

Cuentos del Cabo Hueso (V). El polluelo nini

Aquel polluelo que no abandonó el nido salvó la vida de Poli. Pese a que era ya demasiado grande y postergaba indefinidamente levantar el vuelo, sus padres le seguían alimentando, al igual que sucede en el caso de la especie humana. Qué se le va a hacer. A la madre no le importaban las miradas reprobadoras de su pareja; da igual si es un águila macho o si se llama Manolo. Ellos no lo entienden porque no los han parido. Pues gracias a este polluelo nini, junto a la inteligencia que da el hambre de un niño manchego, descubrí una de las historias más increíbles que jamás he escuchado en mi vida. Veraz, por supuesto. Demasiado real y dura para que la veáis en el celuloide. Mucho más que las películas de Almodóvar y tantas otras, donde parece que se exagera, aparentemente, sobre un tiempo remoto. Si se llevase a la pantalla no sería creíble, sobre todo para los chicos de hoy en día.

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Poli vivió su niñez coincidiendo con la posguerra de una España en ruinas. Desde muy pequeño fue pastor. Y a pesar de todo tuvo suerte, porque en el campo había más comida que en los grandes pueblos y en las ciudades. Si eras avispado para encontrarla, claro. Recuerdo a Poli como un señor bajito siempre tocado con un sobrero blanco al estilo tirolés con una pluma de adorno. Era muy amable y vivaracho. Coincidía con mis padres en los viajes del IMSERSO. Como no se podía estar quieto, hacía figuritas de madera forradas con tela de escay de colores clavada con chinchetas. Los caballos se le daban bastante bien.

Recuerdo escucharlo contar historias a mis padres sobre su vida en el campo. Había sido muy dura, pero nunca hablaba con rencor. Siempre silenciaba u omitía las cosas que después entendí que estaban relacionadas con la miseria. Hoy pienso que cada uno de aquellos silencios merece un monumento. La vida de Poli debería ser una asignatura o al menos de lectura obligatoria a los estudiantes de primaria si tuviésemos gobernantes con dos dedos de frente, pero eso es otra historia. El caso es que siempre se las ingeniaba para encontrar comida y tened en cuenta que era un niño que no empleaba armas de fuego. Me fascinaba como explicaba la forma en la que usaba trampas con lazo o como pescaba en los arroyos con cualquier cosa.

Lo del polluelo ocurrió cuando Poli se dio cuenta que cerca del cortijo había un nido de águilas sobre una enorme encina. Y dado que las rapaces traían presas en abundancia, supuso que debían tener polluelos grandes. Azuzado por el hambre, con ayuda de una escala trepó al nido y se percató que el infante era un único polluelo bastante crecido y bien alimentado. De modo que le ató la pata al nido con una cuerda de pita y decidió hacerse amigo del retoño. A partir de entonces se repartió con su amigo la abundante comida que le traían los padres, fundamentalmente una dieta a base de conejos y perdices. Uno para ti y otro para mí. Y como el polluelo no abandonaba el hogar paterno, los sufridos padres seguían manteniendo al nini alado, pese a que estaba tan grande que casi no cabía en el nido. Y así siguió engordando, y Poli también. Supervivencia.

Una de las cosas más increíbles de su historia es que aprendió a leer por sí solo, leyendo y releyendo un tebeo de Roberto Alcázar y Pedrín que había encontrado junto a unas cáscaras de naranja en las vías del tren cuando buscaba carbonilla. La carbonilla era para vender a los de la fragua. Las mondas de naranja para comerlas como una golosina. Poli era bueno siguiendo rastros, quizás eso facilitó el proceso de hilar letras y sonidos para aprender a leer. Como ya os habréis imaginado, este pastor es un gran pedazo de los retales con los que he construido a uno de mis personajes, Juan García. Poli es uno de mis superhéroes, como Superlópez, Pedro el pastor, Jerry King el Hoosier, Juanma el pastelero de Poblete o Sotero Marín el escritor de coplillas. Elegid vosotros uno de esta Patrulla X. Para mí es imposible.

Poli recopiló la historia de su vida en un modesto taco de folios –imaginaos el esfuerzo- que enseñó orgulloso a mis padres y me preguntó por la posibilidad de encuadernarlo. Al final su limitada economía y la precariedad de la época acabaron con su único ejemplar encuadernado en gusanillo. Echo de menos haber leído aquel libro. Aquello era un auténtico tesoro. Por lo menos recuerdo algunas de las historias que escuché, que quiero compartir hoy con vosotros como un homenaje a este gran hombre. Para que nunca las olvidemos, y por si alguna vez, dado el cariz que están tomando los acontecimientos, nos vuelven a hacer falta.

Babancho

Cada cierto tiempo hago retratos con palabras de personas que considero importantes. Este es el primero que le dedico a un personaje de ficción literaria: se llama Babancho.

He de pedir disculpas a su creador, Antonio Luis Galán Gall, de que este retrato no sea del autor como sería menester; máxime cuando su publicación resultó ganadora del VIII Premio de Novela Corta Tierras de León en 2019. Se acaba de presentar en Ciudad Real en el espacio Serendipia, para más señas. Pero el problema es Santos Babancho.

Antonio ha creado un personaje digno de pertenecer a Macondo, aunque se ubique en un pueblo de la Mancha. Este hombre fantástico ya ha pasado a la historia de la literatura, pese a quien pese. Porque sospecho que, como todas las grandes creaciones, el personaje va a transcender al escritor. Y seguirá ahí cuando ya no estemos ninguno de nosotros.

Babancho es alguien al que todos conocíamos antes de leer su historia. Siempre estuvo con nosotros, forma parte de nuestras vidas. En este libro nos has rescatado algo que nos pertenecía, un recuerdo de la infancia o de otras vidas donde todo era quizás más sencillo. Un abrevadero de humilde sabiduría en estos tiempos tibios para que regresemos a él una y otra vez. Un candil que nos oriente en las noches de ventisca. Y recuperar un recuerdo de días felices, contemplar de nuevo un horizonte perdido, simplemente no tiene precio.

Un hombre libre que ha olvidado su pasado acompañado por perros sin nombre. El contraste de su cueva y la laguna donde se lava a diario con el pueblo donde pide limosna y sus habitantes, buenos y mezquinos. Demasiado cercanos, demasiado reales. No quiero comentar nada más de la novela ni del personaje de forma intencionada, para que os sorprenda a bocajarro como me ocurrió a mí. Ni con dolor de cabeza por la jaqueca pude dejar de leer aquella historia que me había atrapado. Es una novela muy corta, sencilla. Pero intentad leer sólo la primera página… Es imposible.

Técnicamente, Antonio Galán narra una historia simple, hilvanando imágenes de los cajones de nuestra memoria para sumergirnos en una trama que vivimos más que leemos. Esas fotografías nos describen la novela como viñetas de un guion gráfico, con la agilidad y economía narrativa de un cómic. Me recuerda en el estilo a John Ford, dejando que cada plano, cada detalle cuente su mensaje. Incluyendo, como el maestro irlandés, elipsis que cortan con grandes tajos el equipaje sobrante, realzando mágicamente los hechos cotidianos.

Como aprendiz de escritor poco puedo hablar, pero como lector empedernido mi opinión te aseguro que sí tiene peso. Y no es que te felicite por esta novela, te doy las gracias, ese es el matiz. Pero te aviso de que te has metido en un lío, Antonio. Porque los dos sabemos que los lectores somos insaciables, que siempre queremos más y cada vez somos más exigentes con la poca literatura de calidad de encontramos. Y te hemos encontrado. Queremos más y queremos todo tu tiempo escribiendo historias, ya tienes una enorme responsabilidad o la maldición de los elegidos.

Reitero mis disculpas por no hablar de ti. Debería hablar de tus otras siete novelas, de tus dos libros de relatos o de los premios que has recibido, pero hoy sólo pienso en Babancho. Calculadamente simple, capítulos muy cortos, esquemáticos. Narración cinematográfica. Creo que es un estilo que se va a quedar, es el de Jesús Carrasco, el que era hasta poco mi escritor vivo favorito. Ahora ya no estoy tan seguro.

Antonio Luis Galán Gall

Crónica de una huida

(Relato ganador concurso Biblioteca Pública “Poblete, Puerta de Alarcos” año 2021)

Llevaba meses preparándola. Había sido especialmente amable con los vigilantes. Buen comportamiento, decía mi expediente. Incluso me dejaron la llave para hacerles recados.

Aquella noche fui a buscarte, como te prometí cuando entramos. Te dejaste llevar sin decir una palabra, con expresión ausente. Cruzar la cancela. Desactivar la alarma. Abrir la verja y salir sorteando el cono de luz que proyecta la farola, para no ser delatados por la cámara de vigilancia.

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Caminamos dos kilómetros hasta nuestro destino. Salto la reja y te abro la puerta. Entras renqueando, pero tu cara se ilumina porque ya lo has visto, antes incluso de que encienda las luces y active la maquinaria. En ese momento nos descubre el guarda de seguridad del parque.

Pero milagrosamente no dice nada. Nos mira con una profunda ternura, mientras una lágrima cae por su mejilla. Se retira unos pasos y deja que acabemos esa vuelta en la atracción de feria. Cumplí mi promesa, aunque ya no te acuerdes. Ni siquiera de mí, maldito Alzheimer. El día que entramos a la residencia te prometí, amor, que te volvería a traer a los caballitos.

foto: pinterest.com

Cuentos del Cabo Hueso (IV). Dos versiones de la suerte del perro

Los más jóvenes no lo sabéis, pero este es un país donde se pasó hambre. Y muchos de nosotros la llevamos en el código genético arrastrada de varias generaciones. Estos relatos del Cabo Hueso, genial cantero fallecido hace un año, describen una realidad que espero que nunca se repita. Por desgracia no son inventados.

Las dos versiones de la suerte del perro.

Los pastores trabajan duro desde las cinco de la mañana. Hay que esquilar a casi trescientas ovejas. Y eso añadido a la labor diaria, cargar los sacos de pienso (de cincuenta kilos, de los de antes) para echarles de comer, bregar todo el día y luego, por supuesto, ordeñar. Cuando caiga el sol hacer queso. Echar el cuajo al caldero en la lumbre y recoger un poco después en una gran gasa lo que se va a prensar en los moldes de pleita. Todo ello ya a la luz de los candiles de sebo. La tarea acaba muy entrada la noche y mañana habrá también que madrugar, es lo que toca.

Uno de los pastores, cuando estaba el sol de julio en todo lo alto, se incorpora chorreando de sudor y mira al perro. El hombre está sofocado de la brega con los animales. Enormes goterones caen por su nariz mientras se lleva las manos a los riñones molidos. El perro, zalamero, se le tira encima moviendo el rabo. Se lo quita de un sopapo mientras contempla como se va a jugar con los animales ya esquilados.

Jodido animal, encima dando por saco. ¡Quién fuera perro…!

Esa noche han preparado galianos con los calostros y están cenando además una paletilla de un animal que se ha muerto (o eso dicen ellos). Echan mano de las cajas de botellines, – que coño, un día es un día-, que están reservados a la sombra y los abren con los dientes para apurarlos de un trago. El silencio religioso de la comida sólo se rompe por el sonoro saliveo de los hombres. Ruido y olor traen al perro a la cocina. El animal es despedido con una patada y se le cierra la puerta para que no siga incordiando.

El perro, desde fuera, sigue percibiendo el olor lácteo y especiado de los galianos, el de la grasa de cordero a la lumbre y el ruido de los hombres comiendo. Desde hace un rato no para de aullar lastimeramente, intentando llamar su atención.

Aúlla, aúlla, que ahora es nuestro momento…

Cuentos del Cabo Hueso (III). El extraño percance

Los más jóvenes no lo sabéis, pero este es un país donde hace no mucho se pasó hambre. Y algunos la llevamos en el código genético arrastrada de varias generaciones. Estos relatos del Cabo Hueso, genial cantero fallecido hace un año, describen una realidad que espero que nunca se repita. Por desgracia no son inventados.

El extraño percance.

El mayoral manda a Manolillo que lleve la mula con algunos aperos, una cántara de agua y la comida a los hombres del Instituto de Colonización que están desmontando el terreno en la otra punta de la finca. La lleva del ramal, despacico y sin salirse del camino, como le han dicho. No tiene pérdida. Además, el animal se conoce el recorrido menor que el niño.

Vendimia. fuente: INE

Un poco después de mediodía el jefe de la cuadrilla mira la posición del sol, se seca el sudor de la frente en la manga de la recia camisa y decide que es hora de parar a comer. Hace hambre. Se protege debajo de la carrasca grande, y es seguido por el resto de la cuadrilla. Enseguida se sacan libretas y se da cuenta de lo que queda de los cuarterones de tabaco que trajeron hace cinco días. El chisquero de mecha naranja pasa por todas las manos. El jefe aspira el humo y entorna los ojos buscando algo en el horizonte.

chisquero de mecha

-El chico se retrasa. Ya debería haber llegado.

-Parece que se ve aparecer al final del camino, viene despacio, el jodido. El día del guiso de conejo con patatas…

Efectivamente, al poco todos pueden ver la silueta del chico tirando cansinamente de la bestia. Pero algo pasa, el chico camina muy despacio, inclinado para delante. A cada poco parece que da un respingo. Al acercarse un poco más se dan cuenta de que Manolillo viene llorando.

-¿Qué ha pasado, zagal?

– La mula -acierta a decir cuando se serena-. Que la mula se ha asustado de un alacrán, y ha volcao el puchero del conejo. Se ha caído casi to. ¡Qué disgusto, no se lo digáis al mayoral que me muele a palos!

– No te preocupes zagal, que a las malas nos comemos el pan. A buen hambre no hay pan duro.

El jefe se acerca a inspeccionar los restos del accidente y frunce el ceño.

fuente: INE

-Zagal-dice-, explícanos otra vez cómo ha sido el requiebro de la mula para volcar el puchero. Ha tenido que ser muy extraño…

-¿Por qué lo dice?

-Porque ha tenido que hacer una pirueta rara. Y tanto, porque de la olla sólo se ha volcado el conejo. Milagrosamente el caldo y las patatas siguen en su sitio…

La solución imposible de Gandhi

El hombre había esperado todo el día para plantearle su problema a la única persona que podía entenderlo. Estaba en la explanada abarrotada de personas que esperaban el discurso de un hombre minúsculo, ataviado con unos pobres ropajes, a la forma tradicional de la India. El orador, el hombre santo, hablaba de resistencia pacífica, de no violencia. De perdonar y amar a tu prójimo. Por eso quería hablar con él, porque era un caso perdido.

foto: La Vanguardia.com

Después del discurso de Gandhi esperó todavía muchas horas ente la enorme cantidad de personas que lo querían saludar, recibir su bendición o simplemente tocar al pequeño hombre que se había convertido en el adalid de la paz en el mundo. Cuando llegó a su altura fue Gandhi el que se dirigió a él, como si supiera que su vida dependía de la respuesta que buscaba del hombre sabio.

– ¿A qué vienes a mí, hijo? Por tus ropas y modales pareces un hombre acaudalado. ¿Qué buscas?

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– Bapú (Abuelo). Busco tu consejo para mi redención. Dices que no hay caminos para la paz, que la paz es el camino. Que todo el mundo puede redimirse, pero en mi caso es imposible.

El hombre explicó que vivía apesadumbrado por los remordimientos de sus actos en una etapa previa de su vida. Era de una posición acomodada en la sociedad, de una de las castas más altas de la india. Durante muchos años había vivido cegado por el odio que los líderes políticos y religiosos habían proclamado contra los musulmanes. Había cometido actos terribles antes de arrepentirse e iniciar una nueva vida. Formar una familia de mujer y dos hijos. Pero su pasado le seguía atormentando.

Toda redención es posible si eres honesto y actúas como debes, hijo- contestó Gandhi.

Pero el hombre expuso abrumado al santo que eso era imposible para él. Que esas palabras no valían para su caso, aunque estuviesen pronunciadas de labios del padre de la nación India. Del que los unía a todos.

El hombre confesó a Gandhi con lágrimas en los ojos y en el alma su pecado. Durante un acto de exaltación política contra los enemigos, mató a un niño musulmán. – Eso no tiene redención posible, maestro. ¿Cómo se puede revertir esa situación? Ayúdeme mahatma, esta desazón me está destrozando. El problema es mi familia. Si estuviese solo hace mucho que ya hubiera acabado con mi vida.

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Gandhi se rascó la calva y miró al hombre con una profunda ternura y comprensión. Meditó un momento y puso su escuálida mano en el hombro apesadumbrado que solicitaba su ayuda.

Todo tiene remedio, hijo. Si eres honesto. ¿Estás dispuesto a todo para enmendar tus actos de pasado? – El hombre asintió, absorto, incapaz de creer que la solución fuese posible.

Tú eres hindú y educas a tus hijos conforme a los preceptos del hinduismo. Te daré la solución. Escoge a uno cualquiera de los niños parias que vagan sin familia por la calle. A uno que vaya a morir de hambre en los próximos días. Acógelo y edúcalo como a uno más de tus hijos…

-¿Así de sencillo, maestro? – Interrumpió el hombre-

-No he acabado, hijo… Acógelo y edúcalo honestamente en los principios de la religión musulmana. Será un acto de expiación, y os hará aprender tolerancia a toda la familia. Hindúes y musulmanes unidos.

El hombre así lo hizo. Incorporó a su familia a un nuevo miembro. Afrontaron entre todos muchos problemas de discriminación en la sociedad polarizada india, pero aquello los hizo más fuertes. Aquel niño de la calle llegó a ser un importante líder musulmán que firmó los tratados de paz con los hindúes y pudo conseguir el sueño de Gandhi de una sociedad que no se odiaba por motivos de religión. Fue fácil para él. Siempre había aprendido que lo importante era la convivencia de la familia.

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